León XIV recibe globos de unos niños a su llegada para celebrar misa en la Basílica de la Inmaculada Concepción de Mongomo
El Papa reclama en Guinea una «nueva justicia» que acabe con la brecha entre privilegiados y desfavorecidos
León XIV clausura los actos por los 170 años de evangelización en Mongomo con un mensaje a los fieles: «Se necesitan cristianos que tomen en sus manos el destino de Guinea Ecuatorial»
En la recta final de su viaje apostólico, en la Basílica de la Inmaculada Concepción en Mongomo, el Papa León XIV ha trazado unas líneas de lo que debe ser el futuro de la Iglesia y de la sociedad guineana. Ante una asamblea multitudinaria, el Pontífice ha convertido la efeméride de los 170 años de presencia misionera en una llamada a la implicación social y política de los fieles, subrayando que la fe debe traducirse en responsabilidad hacia el prójimo y en compromiso con el bien común.
Haciendo suyas las palabras de Pablo VI, el Papa ha recordado a los fieles que el tiempo de la espera ha terminado: «Vosotros africanos, ya sois misioneros para vosotros mismos». A partir de ahí, ha planteado un diagnóstico directo sobre la realidad del país al preguntar: «¿De qué tiene hambre hoy este país?». Según ha señalado, Guinea Ecuatorial sufre un «hambre de futuro» que no se resuelve con la inercia, sino con una esperanza activa capaz de impulsar una «nueva justicia».
Responsabilidad política y social
El Papa ha instado a los bautizados a implicarse en la transformación del país, recordando que «el futuro de Guinea pasa por las decisiones que vosotros tomáis». En esa línea, ha pedido que el desarrollo nacional no se concentre en unos pocos, sino que se oriente al servicio del bien común, superando las desigualdades «entre privilegiados y desfavorecidos».
También otro de los momentos más destacados de sus palabras ha sido su referencia a la dignidad humana en las estructuras sociales y estatales. El Santo Padre ha puesto el foco en las periferias del sistema, mencionando de forma explícita a los «reclusos, a menudo obligados a vivir en condiciones preocupantes de higiene y de sanidad».
«Se necesitan cristianos que tomen en sus manos el destino de Guinea Ecuatorial», sentenció el Pontífice hacia el final de su homilía, apelando a una fe que abandone la pasividad para generar consecuencias reales en la vida pública. Para el Papa, los bautizados no pueden ser meros espectadores de la realidad nacional, sino que están llamados a ser los verdaderos «protagonistas» de un porvenir que no debe esperarse, sino que se construye mediante el compromiso y el sentido de la responsabilidad.