Dirigiéndose a los confirmandos, les animó a dar testimonio público de su fe: «No escondáis, pues, vuestra fe, mostradla sin complejos, sin miedos, sin pesar, sin pereza».
En otro momento de la homilía, les recordó que «hoy sois vosotros los llamados a dar testimonio de que sois y queréis ser siempre hijos de Dios, que esto lo creéis firmemente y queréis manifestarlo públicamente a quienes os pidan razón de vuestra fe», y les exhortó a perseverar en la vida cristiana: «Perseverad en la alegría que hoy vivís, no dejéis de vivir la fe con alegría en cada momento de la vida».