Ludgera Schmitz, la monja franciscana con 101 años de edad
Así es la sorprendente vida de esta monja franciscana, activa a sus 101 años
Ludgera Schmitz es Alemania, la única superviviente de una familia de 10 hermanos y vivió la Segunda Guerra Mundial
Tiene 101 años, es la única superviviente de un familia de 10 hermanos y es monja franciscana desde los 31 años: esta es la sorprendente vida de la alemana Ludgera Schmitz. Su rutina diaria está profundamente ligada a la oración, sustentada por el rezo del rosario todos los días pidiendo por la paz en el mundo.
Originaria de Ringenberg (Alemania), actualmente reside de forma temporal en el convento de las Hermanas de Santa MaríaBad, en Godesberg, debido a las obras que se están realizando en el monasterio San Francisco, en Remagen. A pesar de su longeva edad, afronta el futuro con gran confianza en Dios y agradecimiento por su larga vida, sin prisas por pensar en la muerte.
Una juventud marcada por la guerra
La franciscana creció en el seno de una familia muy numerosa, compuesta por diez hermanos en total. Su juventud estuvo profundamente marcada por los estragos de la Segunda Guerra Mundial, una época que recuerda como un periodo muy oscuro y de constante preocupación. Su hermano mayor falleció en el frente y otro de sus hermanos regresó a casa gravemente traumatizado tras haber estado prisionero en Rusia.
El paso del tiempo ha hecho que sor Ludgera sea hoy en día la última superviviente de toda su generación de hermanos. En la actualidad, mantiene un vínculo afectivo muy fuerte y constante con sus numerosos sobrinos y familias de estos.
Vocación tardía
El camino hacia la vida religiosa no fue inmediato para ella. Mientras que su hermana mayor, Marlies, ingresó al convento a una edad muy temprana, ella sentía dudas. Sabía con certeza que no quería casarse ni dedicarse de por vida a las labores agrícolas del campo familiar, pero antes de dar el paso definitivo, consideró que su deber era quedarse en casa para cuidar de sus hermanos pequeños y apoyar a su madre.
Fue a los 28 años cuando se trasladó a trabajar al taller de costura del convento en la isla de Nonnenwerth, y no fue hasta 1956, a la edad de 31 años, cuando finalmente ingresó de manera oficial en la orden de las Hermanas Franciscanas de la Penitencia y la Caridad Cristiana de Nonnenwerth.
Ludgera Schmitz sosteniendo el rosario que reza diariamente
Durante sus décadas de servicio en la comunidad religiosa, gran parte de su labor estuvo ligada a sus habilidades manuales y al cuidado de los demás. Trabajó intensamente en el taller de paramentos litúrgicos y costura, confeccionando y reparando vestimentas eclesiásticas. Además, desempeñó funciones en el comedor de una residencia para personas mayores, donde se encargaba de la atención directa y el servicio a los residentes, una tarea que recuerda con especial afecto.
Un camino con crisis de fe
A lo largo de su vida, sor Ludgera demostró tener una personalidad firme y decidida. En su juventud dentro del convento, no dudó en levantar la voz y enfrentarse a las superioras para defender los derechos y el bienestar de las novicias y hermanas más jóvenes cuando consideraba que se cometían injusticias. «No hay que pensar que solo viven sanatas en el convento», comentó para el medio alemán katholisch.
Aunque afirma rotundamente que jamás se ha arrepentido de haber elegido los votos religiosos, confiesa que su fe no estuvo exenta de crisis. El momento más duro y de mayor conflicto espiritual con Dios lo vivió tras la muerte de otro de sus hermanos, quien falleció a causa de un cáncer a una edad muy temprana. Así lo narra ella misma: «Realmente le pregunté al Señor cómo pudo permitir eso».
Sor Ludgera expresa sentirse plenamente agradecida con Dios por los años que se le han concedido y mira hacia el futuro con absoluta tranquilidad, asegurando que no tiene ninguna prisa por morir y que espera con serenidad lo que esté por venir.