Decenas de miles de personas celebrando la «procesión de las velas» en el santuario de la Virgen de Fátima, la víspera del 13 de mayo de 2019
Lourdes y Fátima: el origen de los dos grandes santuarios marianos de Europa
Ambas apariciones de la Virgen transformaron aldeas rurales y desconocidas en capitales espirituales de todo el planeta
Los santuarios erigidos en Fátima y Lourdes atraen hoy a millones de personas de todos los rincones del mundo. Los grandes complejos arquitectónicos responden a la demanda universal de muchos fieles católicos con gran devoción a la Virgen María.
Antes de estas apariciones, los lugares no eran más que dos sitios perdidos de la geografía europea: un pueblecillo de campesinos ubicado en el Portugal profundo un monte perdido entre los Pirineos franceses. Las apariciones de la Madre de Dios a niños pobres que no superaban los 14 años cambió la historia de los emplazamientos.
Lourdes: refugio de enfermos y triunfo del dogma
El origen del santuario de Lourdes está indisolublemente ligado a la pobreza extrema y a la enfermedad. El pueblo pirenaico era el hogar de la familia numerosa de los Soubirous, una familia tradicional sumida en la miseria económica. Bernadette, la mayor de los nueve hermanos de la familia, padecía desnutrición, asma y era analfabeta.
Un frío día de febrero del año 1858, Bernadette fue junto a su hermana y una amiga a recoger leña a la Gruta de Massabielle, un promontorio rocoso y sucio. Allí, en un hueco de la roca, vio a «una joven vestida de blanco, con un cinturón azul y una rosa amarilla en cada pie». Fueron 18 las apariciones que se sucedieron tras este primer encuentro.
El santuario mariano de Lourdes, donde la Virgen se apareció a la enferma Bernadette
De todas las revelaciones, dos de ellas marcaron especialmente el destino del lugar. El 25 de febrero se volvió a aparecer la Virgen a Bernadette por novena vez. En esta ocasión la Señora le indicó una clara consigna: «Ve a beber y a lavarte en la fuente». Al no ver agua cerca, la niña escarbó el suelo de tierra y lodo con las manos. Se ensució la cara y comió hierba amarga por orden de la aparición, provocando las burlas de la multitud que la creía loca. Sin embargo, horas después, un hilo de agua comenzó a brotar. Hoy, ese manantial produce cerca de 100.000 litros diarios de forma ininterrumpida. Los primeros milagros de curación con el agua del manantial (como el del cantero Louis Bouriette, quien recuperó la vista) atrajeron a multitudes incontrolables al lugar.
La decimosexta aparición, el 25 de marzo del mismo año, fue especialmente relevante para el conjunto de la Iglesia católica. El párroco local, Dominique Peyramale, le había exigido a Bernadette que le preguntara el nombre a la aparición. Ese día, la Señora levantó los ojos al cielo y dijo que era «la Inmaculada Concepción». Esto dejó a todos los fieles católicos atónitos, ya que el Papa Pío IX había proclamado el dogma de la Inmaculada Concepción apenas cuatro años antes (1854), un concepto teológico abstracto totalmente inaccesible para una niña analfabeta del campo.
La euforia colectiva llevó a miles de peregrinos a acudir al emplazamiento montañoso. Bernadette huyó del ruido mediático ingresando al convento de las Hermanas de la Caridad en Nevers, donde murió en 1879. Fue canonizada en 1933 por el Papa Pío XI.
Fátima: profecías, geopolítica y el milagro de masas
Si Lourdes es el santuario de la intimidad y la salud, el de Fátima es el santuario de la historia contemporánea, la política internacional y el destino del siglo XX. En 1917, Portugal sufría una severa inestabilidad social bajo una Primera República marcadamente anticlerical que perseguía a la Iglesia. Además, el país estaba involucrado en la Primera Guerra Mundial, enviando a miles de jóvenes a morir a los frentes europeos. En este escenario de crisis, en la aldea rural de Fátima, tres niños pastores cuidaban el ganado: Lucía dos Santos (10 años) y sus primos hermanos Francisco Marto (9) y Jacinta Marto (7).
Los tres pastorcitos de Fátima: Lucía dos Santos (izquierda), y sus primos, Francisco Marto (centro) y Jacinta Marto (derecha).
El 13 de mayo de 1917, en un terreno pedregoso llamado Cova da Iria, los niños vieron un relámpago y, sobre una encina, a una mujer «más brillante que el sol». La Virgen les pidió que regresaran los días 13 de cada mes durante seis meses. El núcleo teológico de Fátima se reveló en la aparición del 13 de julio, cuando la Virgen les confió un mensaje dividido en tres partes conocidas como los «Secretos de Fátima».
En estos se mostraba una visión del Infierno, lleno de almas humanas; una profecía que anunciaba el fin de la Primera Guerra Mundial, el comienzo de la Segunda, el desarrollo de la ideología comunista y la petición de consagrar el país soviético a su Inmaculado Corazón. El último de estos «secretos» fue revelado por el Vaticano en el año 2000: la visión de un «obispo vestido de blanco» que camina por una ciudad en ruinas llena de cadáveres y cae muerto bajo los disparos de un grupo de soldados. Este secreto fue fuertemente vinculado al atentado que sufrió el Papa San Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro el 13 de mayo de 1981, salvando su vida por escasos milímetros.
San Juan Pablo II tras ser disparado en el atentado que casi acaba con su vida
Para demostrar la veracidad de los hechos, los videntes anunciaron que la Virgen realizaría un milagro público en su última aparición el 13 de octubre de 1917. Ese día, bajo una lluvia torrencial, se congregaron unas 70.000 personas en la Cova da Iria, incluyendo corresponsales de periódicos seculares y científicos escépticos. De pronto, las nubes se abrieron y el sol apareció como un disco de plata que comenzó a girar vertiginosamente sobre sí mismo, irradiando luces multicolores. Luego, pareció desprenderse del firmamento y caer en zigzag hacia la multitud aterrorizada antes de volver a su posición normal. El suelo y las ropas de los presentes, antes empapados, quedaron completamente secos en minutos.
Los santuarios marianos hoy
Ambos complejos arquitectónicos se levantaron por petición directa de la Virgen a los cuatro niños. Las obras del santuario de Lourdes comenzaron en 1862, tras la aprobación directa del obispo de Tarbes, monseñor Bertrand-Sévère Laurence. En Fátima, la estructuración arquitectónica fue impulsada formalmente en 1930 por el monseñor José Alves Correia da Silva, obispo de la diócesis de Leiria.
La mayoría de los últimos Papas se han unidos a la masa de peregrinos que han acudido en las últimas décadas a los dos santuarios que se postulan como los centros marianos europeos más concurridos. En el último año ambos registraron una asistencia conjunta de más de 10 millones de peregrinos de todas las partes del mundo. Los fieles realizan largos viajes para poder rezar en la ubicación exacta de las apariciones de la Madre de Dios.