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Sacerdotes

Los diez nuevos sacerdotes ordenados por el cardenal Pierbattista Pizzaballa en Tierra SantaCustodia Terrae Sanctae

10 nuevos sacerdotes y 10 nuevos diáconos ordenados para las necesidades de Tierra Santa

La ciudad de Jerusalén acogió las dos ceremonias de frailes franciscanos el 21 de junio y el 1 de julio

el Monte de los Olivos acogió el miércoles, 1 de junio, la ordenación sacerdotal de 10 frailes franciscanos a manos de el cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén. Por su parte, otros diez frailes también franciscanos fueron ordenados diáconos en la iglesia de San Salvador en Jerusalén. La ceremonia fue presidida por el mismo prelado.

Ordenación sacerdotal en tierra de conflictos

La ordenación presbiteral de los diez nuevos sacerdotes tuvo lugar en una misa profundamente emotiva para toda la comunidad de la Custodia. En una Tierra Santa marcada por el sufrimiento y los conflictos, estos nuevos presbíteros se presentan como semillas de esperanza, llamados a llevar al mundo el mensaje de Cristo.

La liturgia comenzó con la procesión de entrada a la basílica desde el jardín de Getsemaní. Entre los cánticos del coro y los fieles reunidos en una mezcla de oración y emoción, los candidatos al sacerdocio caminaron junto al patriarca, el padre Francesco Ielpo, Custodio de Tierra Santa, y los demás concelebrantes.

Los diez nuevos sacerdotes durante la celebración de la misa en Tierra Santa

Los diez nuevos sacerdotes durante la celebración de la misa en Tierra SantaCustodia Terrae Sanctae

En la homilía, Pizzaballa quiso centrarse precisamente en la coincidencia entre la ordenación sacerdotal, Getsemaní y la elección del 1 de julio: fecha en la que la tradición celebra la fiesta de la Preciosísima Sangre de Jesús. Como recordó el patriarca, esto «no es una coincidencia». «La Providencia, en su sabiduría, escogió este día y este lugar para recordarnos que el sacerdocio nace de la Sangre de Cristo», afirmó el cardenal, quien añadió que «todo sacerdote está llamado a ser testigo de esa Sangre que habla con más elocuencia que la de Abel». Una elección de palabras con las que Pizzaballa quiso profundizar para recordar una diferencia fundamental en la historia de la Redención. «La sangre de Abel clamaba por justicia; la Sangre de Cristo clama por perdón», declaró, enfatizando cómo Dios eligió sacrificar a su propio Hijo por para reconciliarnos con Dios y por nuestra salvación. Y es de este sacrificio que el sacerdocio tomó forma para «llevar al pueblo esa Sangre que da vida».

Los recién consagrados, procedentes de la República Democrática del Congo, Perú, México, Eslovaquia, India y Hungría, empezaban así un camino de fidelidad a la Iglesia y de anuncio del evangelio.

«Nunca estarán solos»

Por su parte, el rito de los diez nuevos diáconos comenzó con la presentación de los candidatos por parte del Custodio, el padre Ielpo. Los frailes se postraron ante el altar, uniéndose a la asamblea para invocar la intercesión de todos los santos. El punto culminante de la liturgia fue la imposición de manos del Patriarca, acto solemne que selló la ordenación después de que los frailes, mediante su profesión solemne, consagraran sus vidas a Cristo según la regla de la Orden de los Frailes Menores.

En esta ocasión, el prelado se dirigió a los recién ordenados con palabras conmovedoras, arraigadas en el corazón de Tierra Santa: «Hoy, en esta ciudad donde el Señor caminó, murió y resucitó, son ustedes quienes son enviados. Reciben el ministerio diaconal para ser sus servidores. El Señor no les oculta el cansancio de la misión. (...) No les promete que no caerán. Les promete algo mucho mayor: que nunca estarán solos. El Padre está presente precisamente allí donde nuestra fragilidad, nuestra debilidad, nuestra caída parecen tener la última palabra. La verdad que se revelará es la fidelidad de Dios, su presencia, su cuidado».

Los nuevos diez diáconos ordenados en Tierra Santa

Los nuevos diez diáconos ordenados en Tierra SantaCustodia Terrae Sanctae

Al concluir la celebración, uno de los nuevos diáconos, en nombre de todos, leyó ante la asamblea una carta de profundo agradecimiento: «Deseamos expresar nuestra más sincera gratitud a Su Beatitud el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, quien quiso conferirnos la Orden del Diaconado. Gracias por su cercanía paternal, por sus oraciones y por el testimonio de su ministerio, que nos anima a vivir nuestra vocación con generosidad. Expresamos nuestro más sentido agradecimiento al Reverendísimo Padre Custodio de Tierra Santa, P. Francesco Ielpo, por su guía, su apoyo y su constante atención. Que el Señor recompense abundantemente su servicio».

Los nuevos diáconos quisieron también expresar su agradecimiento a sus familias por haberles transmitido y acompañado en la fe católica, al vicario custodio Ulises Zarza por su constante apoyo, al padre Sergio Duarte Gois por su guía durante los ejercicios espirituales y, finalmente, a los ministros provinciales y guardianes de las comunidades que los acogieron con los brazos abiertos.

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