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Varios sacerdotes y monaguillos en una parroquia de Nigeria

Varios sacerdotes y monaguillos en una parroquia de NigeriaCatholic Archdiocese of Kaduna

Un catequista que llevaba 9 días en la parroquia, asesinado en Nigeria tras ser secuestrado junto a su mujer embarazada

Él y otros cautivos han pasado 136 días «sometidos a severas torturas físicas y privados de alimentos básicos y atención médica» antes de morir

La historia del catequista Victor Paul es una de esas que pasará, en gran medida, desapercibida, y que merecería abrir los informativos de todos los medios. La agencia vaticana Fides ha confirmado esta semana el asesinato del joven que había sido secuestrado a principios de febrero en Kutaho (Nigeria) por «un grupo de bandidos». «Lo único que hemos podido hacer es organizar su sepultura», ha lamentado el padre Linus Bobai, párroco de San José de Kutaho. «Victor Paul había venido entre nosotros para anunciar el Evangelio de Jesucristo, y la noticia de su muerte, junto con la de las demás víctimas asesinadas en el bosque, ha devastado a toda la comunidad», ha reconocido el sacerdote en una carta que ha enviado a la agencia Fides.

El secuestro se produjo el 9 de febrero pasado, apenas nueve días después de que Victor Paul hubiese llegado, junto a su mujer embarazada y su hijo pequeño, a la parroquia de San José, en Kutaho, para iniciar su primer apostolado en la archidiócesis. «Toda la comunidad, tanto católica como bautista, los recibió con gran alegría y afecto», señala ahora el padre Linus Bobai. «A su llegada, las mujeres de la comunidad organizaron un encuentro fraterno y les dedicaron un canto de bienvenida. Después preparamos comida, compartimos la mesa con nuestras bebidas tradicionales y rezamos para que su estancia y su ministerio entre nosotros fueran serenos, fecundos y colmados de bendiciones», agrega.

El comunicado de la archidiócesis de Kaduna sobre el asesinato del catequista

El comunicado de la archidiócesis de Kaduna sobre el asesinato del catequista

Sin embargo, tan solo nueve días después de su llegada, él, su esposa embarazada y su hijo, junto a varios fieles más, fueron secuestrados. «Esa misma noche, algunas de las víctimas suplicaron a los secuestradores que perdonaran al catequista y a su familia, explicándoles que acababan de llegar y que él era su catequista. Sin embargo, los bandidos se negaron e insistieron en llevárselos, alegando que, precisamente por ser recién llegados, se los llevarían con ellos», relata en su carta el párroco de Kutaho.

«El 5 de abril, tal como exigían los secuestradores, se efectuó el pago para la liberación de todos los rehenes. Sin embargo, solo encontramos a la esposa del catequista, a su hijo y a otras mujeres con sus respectivos hijos, que fueron liberados ese mismo día», detalla el sacerdote. «Inmediatamente después de su liberación los acompañamos al hospital para que recibieran atención médica. Poco después de ser ingresada, la esposa del catequista dio a luz a un niño. El recién nacido se encuentra bien, al igual que el otro hijo del matrimonio, aunque no dejaba de preguntar dónde estaba su padre», puntualiza con dolor el padre Linus Bobai. «Regresamos entonces a nuestro pueblo, profundamente marcados por todo lo ocurrido. Afrontar esta situación no ha sido nada fácil», confiesa.

«Ha devastado a toda la comunidad»

Esta semana, la parroquia recibía la pero de las noticias: «El asesinato en el bosque de su catequista y de las demás víctimas». «Ha devastado a toda la comunidad», reconoce el párroco. «Toda la comunidad está desanimada, pero permanecemos unidos en la oración, pidiendo a Dios que nos conceda consuelo y fortaleza. Como cristianos, creemos que Dios conoce el porqué de todo lo que ha sucedido. No queremos culpar a nadie; más bien, ponemos todo en sus manos. Rezamos para que Dios toque el corazón de quienes han causado tanto dolor y tanto sufrimiento a nuestra comunidad», concluye el sacerdote.

Según medios locales, el catequista y los demás asesinados han soportado 136 días «sometidos a severas torturas físicas y privados de alimentos básicos y atención médica». «El catequista sucumbió a una enfermedad que podría haberse evitado. Sus compañeros de cautiverio —José Yaro, Lunes Tanko, Kunama Dogo, Viernes Agama y Paz Williams— fueron brutalmente asesinados por sus captores durante los cuatro meses que duró su cautiverio», denuncian.

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