El cardenal Müller, con estola roja, durante la peregrinación
El cardenal Müller se atreve con «la verdadera masculinidad» y da los tres rasgos que la conforman
«Un carácter fuerte, un matrimonio feliz o una fe profunda no se pueden construir sin abnegación», afirmó el purpurado durante una peregrinación para hombres
En tiempos en los que la única masculinidad de la que se habla es de la tóxica, el cardenal Gerhard Ludwig Müller reivindicó el pasado 12 de septiembre la «verdadera masculinidad». Lo hizo durante una tradicional peregrinación de hombres con sus familias al santuario de Międzyrzecz, un lugar «santificado por la sangre de los primeros mártires de Polonia». «El mundo actual intenta redefinir la masculinidad», denunció, a la vez que señaló que «a menudo se nos dice que la fuerza equivale a la dominación». Sin embargo, a juicio del purpurado, «nuestros mártires nos ofrecen un ejemplo completamente distinto. Su masculinidad se demostró en su disposición a defender lo sagrado hasta el final. No huyeron ante el peligro».
«Los mártires de todas las épocas dan testimonio de la primacía de la conciencia y su dignidad indestructible, de la primacía del espíritu sobre el cuerpo, de la primacía de la eternidad sobre la temporalidad», recalcó el cardenal Müller. Teniendo esto en cuenta, «emerge una imagen única y poderosa de la verdadera masculinidad». Por eso, el cardenal alemán citó los tres rasgos que deberían conformar a «un verdadero hombre»: «Es aquel que construye sobre bases sólidas, es capaz de sufrir por valores superiores y vela personalmente por las fronteras de su reino».
El cardenal Müller, durante la peregrinación
«Los santos mártires de Międzyrzecz no eran héroes de leyenda», prosiguió el purpurado. «Eran hombres de carne y hueso, dispuestos a dejarlo todo para crear algo perdurable. Fueron asesinados en la noche, en el silencio de su monasterio. Sin embargo, su sangre se convirtió en el fundamento sobre el que creció la Polonia cristiana. Esto nos enseña una lección: la verdadera victoria del hombre a menudo surge en el silencio, en la aceptación diaria y constante de la responsabilidad por aquellos a quienes Dios nos ha confiado», subrayó.
Por último, el cardenal Müller aseguró que «el ser humano necesita un camino, y la peregrinación es una metáfora ideal para nuestras vidas». «Al recorrer este camino, dejamos atrás la comodidad. El cansancio, el sudor y el dolor nos recuerdan que las cosas buenas requieren esfuerzo. Un carácter fuerte, un matrimonio feliz o una fe profunda no se pueden construir sin abnegación», concluyó.