Señor Óscar Puente, ¿por qué culpa al débil?
Adamuz, enero: 46 muertos. Urda, octubre: al menos 68. Dos choques de alta velocidad en menos de un año. 114 vidas
El ministro de Transportes, Óscar Puente, comparece ayer ante los medios de comunicación
Señor ministro Puente: una tragedia puede ser mala suerte. Dos ya son un patrón. Y un patrón hay que explicarlo y asumir responsabilidades. Tras Adamuz habló usted de investigar, de aprender, de reforzar… Nueve meses después, otra vez hierros retorcidos, otra vez familias desesperadas mirando el móvil, otra vez llanto y muerte. ¿Qué se aprendió?
Ayer nos dijo usted que el sistema ferroviario es seguro y que la probabilidad de accidente es bajísima. Dígaselo a 68 familias. ¿Está utilizando eufemismos para tapar a los muertos, para anestesiar a quienes han perdido a los suyos? Ayer calificó de «inexplicable» lo ocurrido. Pero usted mismo lo ha explicado: falla el sistema de seguridad, Atocha toma el control y ordena reanudar la marcha sin limitar la velocidad. Eso no es inexplicable. Es un fallo en cadena. Y toda cadena tiene a alguien arriba. Para las familias, lo inexplicable no es el fallo técnico, lo inexplicable es que nadie, arriba, se sienta obligado a responder ante la tragedia, que nadie asuma responsabilidades, que nadie pida perdón, que se señale a otros.
Usted ha señalado a «una persona» del centro de control. Ha cargado el peso de la tragedia sobre el más débil en vez de asumirlo con hombría. Ha mirado hacia abajo para buscar culpables. La familia del maquinista fallecido aún no tiene su cuerpo para poder velarlo y enterrarlo, pero toda España ha escuchado ya los audios filtrados de su última conversación con el centro de control. Señala usted el error del controlador, pero no dice que los sistemas llevan mucho tiempo fallando por falta de mantenimiento, y que eso obliga a los controladores a tomar continuamente decisiones difíciles que pueden acabar en tragedia.
La psicología lo llama «locus de control externo»: pensar que lo malo siempre viene de fuera y nunca es culpa de uno mismo. La culpa siempre es del operario, de la avería, del azar, del sistema… Es un mecanismo de defensa. Protege la autoestima. Pero tiene un precio: impide aprender. Y quien no aprende, repite, ¿verdad, señor Puente?
Nuestra cultura occidental aprendió de Jesús de Nazaret a no cargar la culpa sobre los más débiles que se nos han encomendado, y a asumir la responsabilidad de los problemas sin huir. Lo de lavarse las manos para no caer y dejar que otro cargue injustamente con el peso también lo aprendimos, aunque no precisamente de Jesús.
Bromas aparte
Dice usted que le critican en los medios de comunicación. ¿Le tienen manía? No creo que ayude mucho que insulte a periodistas, a adversarios políticos y hasta a ciudadanos de a pie. Tampoco creo que ayude que haga bromas en sketches televisivos sobre el mal funcionamiento de los trenes. Dice usted que cualquier resultado que no sea una victoria de su partido supone retroceder décadas; sin embargo, cualquier persona, vote a quien vote, se da cuenta de que hace décadas los trenes funcionaban bien y la gente no subía a ellos con miedo a morir.
Esto no va de ser de izquierdas o de derechas; cada uno tendrá sus ideas. Esto va de tener humanidad y de no cruzar ciertos límites que hieren al otro. Esos límites se llaman respeto y educación. Esto va de no tomar a las personas por tontas ni tratarlas como a críos. Esto va de servir y de ser honesto con quien te vota y con quien no te vota. Eso requiere mucha talla humana en quien ocupa un cargo público.
Un ministro no está para defenderse, sino para defender a los débiles y para responder. Y hoy le preguntan 114 familias, que son las más débiles en estas tragedias. Responder es decir: «Esto ocurrió bajo mi mando y asumo el precio». Responder es propio de almas nobles y grandes. Echar la culpa a los pequeños es propio de corazones pequeños y enclenques.
Recemos por los fallecidos y sus familias. Descansen en paz.