El obispo de Sant Feliu, monseñor Xabier Gómez, OP
«Los zombis vagan sin rumbo y no tienen alma»: La curiosa reflexión de monseñor Gómez antes de Halloween
Ante la proximidad de Halloween, afirma que «los santos son los más vivos entre los vivientes», que contrapone a los que «no piensan, no viven, pero amenazan la vida de los seres humanos»
«Los zombis se han convertido en una especie de icono de nuestro tiempo», constata monseñor Xabier Gómez, OP, en su carta pastoral del próximo domingo, que ha titulado «¿Zombificación o santidad?». Aprovechando la celebración pagana de Halloween, el obispo de Sant Feliu de Llobregat (Barcelona), ha aprovechado para destacar un paralelismo: los zombis «representan al ser humano que siente que todo se descompone a su alrededor». «Reflejan una sociedad corrompida en sus valores y relaciones, donde la competitividad y la economía devoran a las personas. Los zombis vagan sin rumbo, son agresivos, no tienen alma, solo hambre de carne humana. No piensan, no viven, pero amenazan la vida de los seres humanos», detalla el obispo de Sant Feliu.
A su juicio, estos seres ficticios «expresan el desencanto y el miedo, la ambición que devora familias enteras y la inclinación violenta que habita en cada uno». Pero no afecta exclusivamente a los individuos: «La zombificación sociopolítica es un proceso de alienación en el que los ciudadanos pierden su pensamiento crítico y actúan de forma automatizada debido al consumismo y a la hiperconexión digital». «Transforma a la población en una masa pasiva que facilita la manipulación mediática y el control por parte de las estructuras de poder», observa en su carta.
En plena precampaña electoral, monseñor Gómez advierte también de que esta actitud imbuye «cierta política», que, «en lugar de convocar a ciudadanos responsables, prefiere fabricar seguidores enfadados: personas movilizadas contra alguien, alimentadas con eslóganes, enemigos y promesas imposibles».
Recuperar el alma
«Frente a esta posible zombificación, la Iglesia, desde Jesucristo, propone la santificación», sentencia el prelado. «Los santos son los más vivos entre los vivientes. No son seres desconectados del mundo, sino mujeres y hombres transformados por la gracia, que no se dejan dominar por el miedo, el odio o la ambición. Han aprendido de Jesucristo a mirar a cada persona como un rostro que interpela», agrega.
«Santificarse es recuperar el alma, ordenar los deseos y dejar que Dios transfigure nuestra manera de vivir», subraya el prelado. «Es la forma más clara de resistencia y de vida», sentencia. «Nunca seremos más auténticamente humanos que cuando organicemos nuestra vida gravitando alrededor del amor de Dios. Aspirar a la santidad, no confundir con la perfección, es nuestra meta», concluye.