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Emilia «la canastera», con su hija Ángeles, que nació en prisión

Memoria de los mártires del siglo XX en España

'La canastera', la primera mártir gitana, que se convirtió en la cárcel en 1938 gracias a sus compañeras

La beata Emilia Fernández aprendió el padrenuestro, el avemaría y el gloria entre rejas, y rezaba el rosario a diario hasta que fue descubierta

La prisión de «Gachas colorás» (Almería) fue el lugar donde se encontró con Dios. Emilia Fernández Rodríguez, conocida como Emilia «La canastera», había ingresado allí el 21 de junio de 1938. «Buena moza, alta, delgada, morena y atractiva, matrimonió a los 23 años por el rito gitano con Juan Cortés, quien, previo a la Guerra Civil desertó del obligado servicio militar», refiere Antonio Sevillano Miralles, uno de sus biógrafos. Eso propició que fuera fue descubierto por las autoridades republicanas y condenado a prisión junto a su mujer. Ella tenía 24 años, estaba embarazada de su primera hija, Ángeles, y solo sabía dedicarse a lo que le dio su sobrenombre: la elaboración de cestos de mimbre.

Emilia fue enviada a una cárcel para mujeres, donde coincidió con otras 40 presas que habían sido encarceladas por el mero hecho de ser católicas. Aquí es donde aparece un nombre propio que cobrará una importancia fundamental en la vida de Emilia: Dolores del Olmo, Loli, que se llegó a convertir en su catequista. «La canastera» observaba cómo aquellas compañeras de penurias rezaban el rosario, y quiso aprender el padrenuestro, el avemaría y el gloria para poder unirse a ellas.

Se daba una circunstancia sorprendente: aquella oración «la llenaba el corazón», según revela Eleuterio Fernández Guzmán, uno de sus biógrafos. «También descubrió el trato con Dios, y se acercó a Él de una forma sencilla, pero profunda», prosigue. Emilia había recibido el bautismo al nacer y «tenía una fe sencilla y que lo esencial lo conocía, pero aquellos meses que pasó en vida en la cárcel le ayudaron a conocerla mejor y a llevarla a la práctica más cercana», agrega Fernández Guzmán.

Se negó a delatarla

Cuando sus carceleros la descubrieron rezando el rosario, la forzaron a revelarles quién era su catequista, pero se negó a delatarla. Fue recluida en una celda de aislamiento, en la que empeoraron sus ya penosas condiciones alimentarias y de salubridad. «El invierno estaba haciendo estragos en Emilia. Y por mucha clemencia que solicitó al Gobernador Civil no le fue concedida ninguna», refiere su biógrafo.

Así llegó al 12 de enero de 1939. Era el momento del parto y, ayudada por algunas compañeras de cautiverio, «pudo dar a la luz, el día 13 a las 2 de la madrugada, a una niña a la que bautizaron (el mismo día a las 5 de la tarde) y pusieron el nombre de Ángeles». «Emilia se encontraba muy mal. Físicamente estaba en las últimas y el mismo día 13 se las llevaron al hospital (a la niña y a ella) del que volvieron a la cárcel cuatro días después», prosigue. El 25 de enero (apenas unos meses antes de que terminara la Guerra Civil), la volvieron a llevar al hospital. «De nada sirvió aquel viaje, que sería el último que haría en este mundo la gitana Emilia, porque moriría de una infección puerperal añadido a un cuadro de bronconeumonía, según consta en el certificado médico», añade.

Sus restos mortales se depositaron en una fosa común en el cementerio de Almería. En 2016, el Papa Francisco aprobó la beatificación de Emilia Fernández Rodríguez junto a 95 sacerdotes y 19 laicos mártires de la diócesis de Almería. Todos ellos fueron elevados a los altares el 25 de marzo de 2017.

El cartel de la misa de esta tarde por «la canastera»

Hoy, cuando la Iglesia conmemora a todos los santos y beatos mártires del siglo XX en España, la parroquia de San Francisco de Paula de Madrid acogerá a las 19:30 horas una misa en memoria de Emilia «la canastera», la primera beata gitana del mundo.

Una última curiosidad: ¿Qué fue de Ángeles, su hija? Sorprendentemente, se perdió completamente su rastro. «La niña fue depositada por orden del gobernador en un establecimiento benéfico de Diputación, presumiblemente en la Casa-cuna o en la Casa Azul, de Pechina», apunta Sevillano Miralles. Se sospecha que pudo ser dada en adopción y, quizá, nunca fuera consciente de que su madre se convertiría en la primera mártir gitana en ser beatificada.