08 de febrero de 2023

DESDE NAVARRAJESÚS TANCO LERGA

Acueducto foral

Tal como están las cosas, hay que celebrar todo lo celebrable con tal de que cada fiesta tenga su sentido

Tiene Navarra al menos tres acueductos famosos: el romano situado en la ribera del Ebro entre Lodosa y Alcanadre, que une simbólicamente dos regiones vecinas y fraternas; el acueducto de Noáin, puesto en valor para abastecimiento de agua a las fuentes, abrevaderos, pozos y regadíos de la capital navarra desde los manantiales de Subiza en la sierra del Perdón; y un tercer acueducto, que suena a anticipo de la Navidad familiar. Es el acueducto festivo que une el día de san Francisco Javier, tres de diciembre, día de Navarra; el seis de diciembre conmemoración cívica –un decir– de la Constitución del Setenta y Ocho, para culminar con la gran fiesta de la Inmaculada Concepción, el ocho de diciembre. Como es lógico tiene el acueducto al menos un sábado y un domingo, que sirven de empalme entre fiesta y fiesta. Y Pamplona una más: la de su copatrono san Saturnino –o Cernin–, el primer evangelizador, celebrado el veintinueve de noviembre.
Tal como están las cosas, hay que celebrar todo lo celebrable con tal de que cada fiesta tenga su sentido. Este año jubilar de san Francisco Javier, cuatro siglos de su canonización el 12 de marzo de 1622, junto a san Isidro Labrador, santa Teresa de Jesús, san Ignacio de Loyola, y san Felipe Neri. La fiesta del copatrono de Navarra –comparte título con el primer obispo de la diócesis pamplonesa, san Fermín– ha sido bastante familiar e íntima. Tuve ocasión de participar en noviembre pasado, como oyente, en unas espléndidas jornadas al respecto en el Seminario de Pamplona, con la colaboración del Grupo de Investigación del Siglo de Oro (Universidad de Navarra), y ver también el esfuerzo del ayuntamiento de Javier, presidido por Laura Guindano que se ha volcado en la celebración, además de algunas instancias eclesiales y culturales, como la Sociedad Cultural Pregón, que han tenido mucho acierto en su realización. Nos ha sabido a poco, o nos está sabiendo a poco. En el recuerdo quedan las celebraciones del III centenario, con visita sin complejos del rey Alfonso XIII a Javier y extraordinarias manifestaciones de culto, entre ellas procesiones suntuosas con el brazo de san Francisco Javier, reliquia que viajó hasta su tierra natal.
El Acueducto Foral es sinónimo de turismo, y en este caso, el santo patrono de las Misiones, andariego legado pontificio para las Indias Orientales, es también patrono del turismo, nuestra principal industria patria. Que produzcan los alemanes y europeos listos; que los chinos nos invadan con productos a coste infantilmente barato; que los americanos saquen rendimientos de todo conflicto que se plantee en cualquier punto del mundo; que la América Hispana avance hacia campos siniestros en sus gobiernos… Nosotros, al Turismo, a servir bien de restaurantes, bares, hoteles, playas donde las haya, y sol caluroso; que sea también el acueducto y las vagaciones, motivos para darnos un garbeo y olvidarnos, aunque sea por unas horas, de la pesadez de las noticias interesadas, noticieros maquillados, sucesos variopintos… San Francisco Javier siempre estará ahí.
La Santa Transición tiene su fiesta el seis de diciembre, con oficialismo asegurado, palabras y gestos que hacen ver que la Ley de Leyes es o debe ser respetable. Pero el ocho de diciembre, España está de fiesta de verdad por su patrona, la Inmaculada Concepción. Ahí es nada. La novena que antecede, la dedicación de tantos templos, santuarios y ermitas a esta devoción de la Madre Virgen. Día grande donde los haya. Y el Acueducto foral, echa el cierre. Y tras un paréntesis laboral, está la navidad en el horizonte. Soñemos.
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