16 de agosto de 2022

Monseñor José Báez junto a las hermanas de

Monseñor José Báez ha lamentado en su cuenta de Twitter la expulsión de Nicaragua de las Hermanas de la CaridadTwitter

Monseñor José Báez: «Nicaragua es una prisión»

Monseñor José Báez llama a no permanecer mudos ante la injusticia en Nicaragua: «No debemos permanecer mudos ni paralizados por el miedo. Hacer el bien no es para cosechar aplausos. No se construye el mundo eliminando a quienes no piensan como nosotros»

La represión en Nicaragua es un hecho. Daniel Ortega, ha eliminado las personalidades jurídicas de 101 ONG, incluida la Asociación Misioneras de la Caridad de la Orden Madre Teresa de Calcuta, además de otras organizaciones católicas que trabajaban en el país.

Desde el exilio

El obispo auxiliar de la Archidiócesis de Managua, Monseñor Silvio José Báez, ha denunciado desde su exilio en Miami la dramática situación.

No debemos permanecer mudos ni paralizados por el miedoMonseñor José Báez

En su cuenta de Twitter ha dejado escrito: «Me da mucha tristeza que la dictadura haya obligado a las Hnas. Misioneras de la Caridad de Teresa de Calcuta a abandonar el país. Nada justifica privar a los pobres de atención caritativa. Soy testigo del servicio amoroso que prestaban las hermanas. Dios las bendiga».
Monseñor Báez concede asiduamente entrevistas y proclama que el silencio es peor, tal y como ha recordado en su homilía del último domingo en Miami: «No debemos permanecer mudos ni paralizados por el miedo. Hacer el bien no es para cosechar aplausos. No se construye el mundo eliminando a quienes no piensan como nosotros».

No acostumbrarse a la represión

El religioso recordó en su homilía, que «en una sociedad sana deben resonar todas las voces y que nadie debe ser acallado por pensar diferente al resto de las personas» y ha criticado abiertamente la represión en su país:
«Quien reprime o encarcela para silenciar a quienes resultan incómodos por su forma de pensar es un enemigo de la vida que expresa su cobardía aplastando las conciencias libres. No nos acostumbremos a ser reprimidos y silenciados. Luchemos para que en nuestro corazón, en nuestras palabras y también en las instituciones sociales, no haya espacio para la intolerancia y la exclusión».
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