Pilar Gómara, belenista
Pilar Gómara, medalla de oro belenista: «Da mucha pena cuando el belén se convierte en paisajismo»
Madre de 16 hijos e Insignia de Oro de la Federación Española de Belenistas, la pamplonica habla de pasión, de noches en vela y de la mística del porexpán
«Para mí, estar haciendo un belén es un rato de oración; mientras trabajo voy hablando con la Virgen, con San José, con el Niño… todo el misterio está encarnado en ese Nacimiento». Pilar Gómara (Pamplona, 1939) nos recibe en el garaje de su casa, en las afueras de la capital navarra. El subterráneo es un espacio mágico, poblado por intrincadas callejuelas de porexpán, delicados barriles de corcho y espectaculares trampantojos en tres dimensiones: un oasis de belenismo, también en pleno julio.
«Estos son belenes antiguos, los más nuevos están repartidos por distintas parroquias», nos advierte la maestra pesebrista, que en 2018 recibió la Insignia de Oro de la Federación Española de Belenistas y que se enamoró de esta tradición a través de su padre, siendo niña. «En casa siempre se ha vivido con mucha seriedad: los mayores hacían su belén, y los pequeños montábamos uno pequeñito, con el río de plata y adelantando los Reyes día a día», recuerda.
Hoy, con 83 años, Gómara ve con orgullo cómo sus propios hijos mantienen viva la llama del belenismo. Tiene 16 –«¡No son pocos!», ríe–, pero cuidar de ellos no ha impedido a esta madre de familia diseñar y materializar cientos de pesebres, además de un belén viviente cada Nochevieja. «Cuando tienes ilusión sacas tiempo de donde no lo hay», asegura, y recuerda que, cuando sus hijos eran más pequeños, bajaba al garaje justo después de acostarlos, emocionada por trabajar en los Nacimientos. «Se me pasaban las horas sin darme cuenta; algunos días me he despertado de golpe y '¡Ay, que tengo que arreglarlos para el colegio!'», comenta con una sonrisa.
Miembro muy activo de la Asociación de Belenistas de Pamplona, ha contado siempre con la colaboración fiel de su marido, el también pesebrista Miguel Tabar. Gómara nos muestra con orgullo una de las invenciones de su esposo, una máquina que descansa en un rincón del garaje y que sirve para producir en serie tejas en miniatura. Las creaciones de la belenista se han exhibido en lugares tan variados de la capital navarra como el centro cultural Civican, el zaguán del Ayuntamiento o la Casa de Misericordia.
De la escayola al porexpán
Gómara se unió a la Asociación de Belenistas de Pamplona hace 40 años, pocos meses después de que naciese su hijo pequeño. «La técnica ha variado mucho, ¡se puede hablar de muchas, muchas épocas», apunta. A lo largo de su periplo pesebrista, ha visto simular ríos, por ejemplo, con agua corriente –«se usaban bombas de lavadora», recuerda– o pintando minuciosamente el fondo a mano.
Ha visto también cómo el porexpán sustituía a la escayola como el material preferido por los belenistas. También en esto ve cierta mística: «El porexpán, humilde y ligero, es el material más adecuado para un Dios que decide nacer pobre, en un pesebre», reflexiona. Gómara, en definitiva, ha visto evolucionar el estilo y la técnica hasta aterrizar en las virguerías actuales: «¡Hay un aparato que te echa la hierba!», dice.
Todo ello, no obstante, acarrea un riesgo. «Se trabaja mucho más perfectamente que antes, pero a mí me parece hasta excesivo; hay que tener cuidado de no pasar del belén a la maqueta», advierte, y previene contra la tentación de convertir el misterio en algo «tan bien acabado y limpio que sea frío». «Me da mucha pena ver sitios donde el belén ha derivado en paisajismo, donde no se ve el Nacimiento, o está tan escondido que hay que buscarlo… Mi objetivo principal en un belén es mostrar siempre el Nacimiento, el misterio», asegura.
Rezar frente al belén une a la familia, y unir a la familia frente al belén me parece una preciosidad
Sobre los estilos o los detalles de las representaciones, Gómara se muestra abierta. «Me da igual que sea en una cueva, en una casa o en una cuadra, o que el belén se ambiente en el siglo I o en un pueblecico de Navarra… Dios nace en todos los sitios y en todos los tiempos, nace en cada uno de nuestros corazones, así que tampoco pasa nada por que se presente de distintas formas», reflexiona la pesebrista.
Pasando el testigo
Paseando la mirada por los muretes y los oasis que se elevan hasta el techo de su sótano, Gómara profundiza en otra faceta de su vocación artística: la formación. A lo largo de las décadas, ha liderado con entusiasmo decenas de cursillos dentro y fuera de Navarra: gracias a ellos, por ejemplo, se crearon nuevas asociaciones belenistas en las ciudades de Aoiz y Bayona. «Si Dios me ha dado el don de poder hacer un belén y que otros lo disfruten –señala–, lo tengo que trabajar; no me lo puedo quedar yo», e insiste: «Lo que el Señor nos da gratis, gratis hay que darlo».
No le faltan anécdotas. «Veía a los alumnos que llegaban diciendo 'Uh, yo esto no podré hacerlo', y después de intentarlo me decían '¡Casi no me lo creo, lo estoy haciendo!'», rememora Gómara: «Se marchaban tan felices y contentos que con eso tenías compensación de sobra, la verdad», añade la voluntaria, radiante.
Entre lo que buscaba transmitir a sus alumnos destaca una idea: la importancia de desarrollar ojos de belenista. «Cuando se lo decía, se reían, pero insisto: tener ojo de belenista es ir al campo y fijarse en el color –¡qué cantidad de verdes!–, en la forma en que una piedra descansa sobre otra, en cómo crece la hierba entre las ruinas…», explica. ¿Su objetivo final? «Que cada vez se pongan más belenes en las casas, que cada vez más familias –abunda– vivan la Navidad disfrutando con el misterio presente».
A todos aquellos que sientan curiosidad por hacer un belén, Gómara les pide un voto de confianza. «Que no tengan miedo a entrar, no es tan difícil como parece», asegura. «Sí que son horas de trabajo, pero es muy gratificante: no importa si el primero sale un poco peor, ¡el siguiente saldrá mejor, y el siguiente, mejor todavía!», exclama, entusiasmada.
Con todo, reconoce que el primer paso suele ser el más difícil, y por eso recomiendo a quien quiera darlo que acuda a una asociación belenista local, donde le ofrecerán toda la ayuda para principiantes. «De verdad, que la gente se anime: rezar frente al belén une a la familia, y unir a la familia frente al belén me parece una preciosidad», apunta esta pesebrista, que predica con el ejemplo: «Nosotros, cuando nos felicitamos la Navidad decimos 'Ante el portal estamos unidos'. Pues eso es».