Atentado Damasco

Los cristianos portan los ataúdes de seis de los asesinados en DamascoCustodia de Tierra Santa

Así ha quedado la iglesia de San Elías, en Damasco, tras el brutal atentado en el que murieron 25 cristianos

Rotos de dolor, atemorizados, descompuestos, los creyentes sirios tratan de recuperar la normalidad mientras despiden a sus hermanos asesinados vilmente por el ISIS

Acudían a misa, como cada domingo, el pasado 22 de junio. Un terrorista islámico entró en la iglesia de San Elías cargado de explosivos, los activó y saltó por los aires. Se llevó por delante la vida de 25 cristianos, y decenas más resultaron heridos.

Las cámaras del Christian Media Center (CMC), gestionado por los franciscanos, han podido acceder ahora al templo, convertido en un dantesco escenario de muerte y destrucción. «Es uno de los ataques más atroces sufridos por los cristianos en Siria en los últimos años», aseguran desde el CMC.

«¿Qué clase de ataque es este?», se ha preguntado Giovanni X Yazigi, Patriarca de Antioquía y de todo Oriente para los greco-ortodoxos. «Somos un componente fundamental de este país. Y lo seguiremos siendo», asegura. «¿Recuerdan cuando secuestraron a los dos obispos de Alepo, Pablo y Juan, y a las monjas de Maaloula? Y, sin embargo, seguimos aquí. Seguiremos estando allí», ha subrayado.

De Jerusalén a Beirut, de El Cairo a Bagdad, se han elevado las mismas oraciones: «Las explosiones no nos aterrorizarán ni extinguirán una presencia bimilenaria. Los cristianos no son huéspedes en esta tierra, sino sus raíces», agrega.

«No es humano»

El Vicario de la Custodia de Tierra Santa, fray Ibrahim Faltas, OFM, se pregunta «cuándo terminará este extremismo». «¿Cuándo podremos vivir como hermanos? ¿Cuándo habrá tolerancia entre nosotros? Lo que ocurrió no es natural, no es humano. Ninguna persona racional puede llegar a este nivel de odio, rencor y venganza. ¿Y por qué? ¿Contra quién? ¿Contra sus propios hermanos, contra su propia gente?», se preguntaba dolorido.

El cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca latino de Jerusalén, trata de alentar a la esperanza: «Cuando vean que suceden todas estas cosas, recuerden la cruz de Jesús. Murió por amor, pero desde esa cruz, desde ese momento, comenzó una nueva vida para el mundo entero. Es doloroso, es difícil, lo sé. Pero esta es nuestra fe. No debemos rendirnos al miedo ni al odio, sino transformar todo esto en un nuevo comienzo. Debemos pasar página. Debemos estar entre quienes desean escribir una nueva narrativa, un nuevo lenguaje, un nuevo estilo aquí en Oriente Medio».

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