Fundado en 1910

Pedro Nolasco, el 10 de agosto de 1218, fundó oficialmente la Orden de Santa María de la Merced de la Redención de Cautivos, con toda solemnidad y notoriedad, en el altar mayor de la Catedral de la Santa Cruz de Barcelona

Los héroes españoles que se jugaron la vida por rescatar a cristianos: la audaz misión de los mercedarios

Cada 24 de septiembre se celebra a la Virgen de la Merced, inspiración de los frailes que, desde hace más de 800 años, entregan su vida por liberar a los oprimidos, ayudar a refugiados, reintegrar presos, educar a los pobres y luchar contra nuevas formas de esclavitud

En el siglo XIII, España vivía un conflicto constante contra los moros, y los cristianos capturados enfrentaban un destino cruel: renunciar a su fe o ser vendidos como esclavos. Miguel de Cervantes es uno de los ejemplos más conocidos de esta dura realidad. Inspirado por la Virgen María, un joven mercader catalán decidió dedicar su vida a aliviar este sufrimiento.

Pedro Nolasco, nacido en Barcelona en 1189, tenía una vida prometedora como comerciante. Sin embargo, tras la muerte de su padre a los 15 años, repartió su herencia entre los necesitados y buscó su vocación espiritual en Montserrat. Allí, ante la Virgen, encontró su camino: liberar a los cristianos cautivos, tarea que comenzaría en Valencia en 1203, donde con su propio patrimonio rescató a 300 prisioneros.

Aparición de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco, de Alonso del ArcoWikimedia

Dar la vida en rescate por muchos

Su experiencia como mercader fue clave: organizó expediciones para negociar liberaciones, creó cofradías para recaudar la «limosna para los cautivos» y nunca dejó de buscar la manera de liberar más esclavos. Pero llegó un tiempo en que las contribuciones se agotaron y la ayuda desapareció. En plena crisis, Nolasco se debatía entre dos caminos: ingresar en una orden religiosa o retirarse a la soledad del desierto.

Fue entonces cuando, en agosto de 1218, la Virgen María se le apareció, animándole a fundar la Orden de la Merced. También se dice que se le apareció a san Raimundo de Peñafort y al rey Jaime I de Aragón, transmitiendo el mismo mensaje. El 10 de agosto de 1218, ante la presencia del rey y del obispo Berenguer de Palou, nació oficialmente la Orden de la Merced en la catedral de Barcelona.

Desde sus inicios, la orden se caracterizó por su cuarto voto: además de pobreza, castidad y obediencia, los mercedarios se comprometían a liberar a los esclavos, incluso ofreciendo su propia vida cuando no había recursos suficientes. San Pedro Ermengol es un ejemplo destacado: tras una juventud turbulenta como bandolero, liberó a cientos de cristianos, ofreciendo quedarse en lugar de algunos cautivos cuando no contaba con el dinero necesario.

El hábito de los mercedarios, blanco ceñido con cinturón y escapulario, lleva en el pecho un escudo con las cuatro barras rojas de la corona de Aragón y una cruz blanca sobre fondo rojo, símbolo de su misión. Su primera sede estuvo en el hospital de Santa Eulalia, atendiendo a cautivos liberados e indigentes. San Pedro Nolasco siempre reconoció a la Virgen de la Merced como la verdadera fundadora, y su nombre refleja la esencia de la orden: misericordia.

Los mercedarios llegan al Nuevo Mundo

El Papa Gregorio IX aprobó oficialmente la orden, nombrando a Nolasco como su primer Superior General, y el rey Jaime I de Aragón reconoció su influencia en la conquista de Valencia. Más tarde, los mercedarios llegaron al Nuevo Mundo: fray Bartolomé de Olmedo acompañó a Hernán Cortés en 1519 y la orden estableció conventos, colegios y centros de educación en diversas ciudades.

Hoy, la labor de los mercedarios sigue viva: atienden refugiados, reintegran presos, educan a los pobres y combaten nuevas formas de esclavitud y marginación, manteniendo vivo su carisma de redención, iniciado hace más de 800 años. Padres, monjas y mercedarios descalzos continúan la misión de liberar a los cautivos, ya no solo de cadenas físicas, sino de la pobreza, la marginación y las nuevas formas de opresión.