Enrique Shaw falleció el 27 de agosto de 1962
El milagro del empresario: la impactante curación de una lesión craneal que llevará a Enrique Shaw a los altares
El venerable argentino, padre de nueve hijos y un pionero de la Doctrina Social en la empresa, será proclamado beato tras el reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión
La vida del argentino Enrique Shaw es una de esas que no pierde actualidad precisamente por el mensaje que transmite: un compromiso generoso por renovar la sociedad a la luz de los valores del Evangelio. Valores que promueven la dignidad del trabajo y la convicción de que el capital humano sea reconocido y cuidado como lo más importante.
Declarado venerable en 2021 por el Papa Francisco tras el reconocimiento de sus virtudes heroicas, ya a comienzos de este año monseñor Santiago Olivera, vicepostulador de su causa de canonización, había explicado que un presunto milagro atribuido a Enrique Shaw había superado la denominada «instancia médica», es decir, había sido evaluado por un grupo de médicos expertos que confirmaron que el hecho no tiene explicación científica.
Shaw se perfila ahora como el primer empresario beato de Argentina, después de que este jueves, 18 de diciembre, el Pontífice autorizara al dicasterio para las Causas de los Santos a promulgar el decreto relativo al milagro atribuido a su intercesión, cuya historia fue detallada por el medio argentino Infobae.
El golpe que desafió a la muerte
El suceso ocurrió el 21 de junio de 2015, en un campo de Suipacha, en la provincia de Buenos Aires. Un niño de cinco años jugaba cerca de un corral cuando la tragedia golpeó de forma brutal: un caballo, asustado por una víbora, lanzó una patada violenta que impactó directamente en su cabeza. El golpe fue tan devastador que le causó una gravísima lesión craneal.
La situación fue de una desesperación absoluta; según los testimonios, el niño no reaccionaba, no respondía y parecía no respirar, todo indicaba una muerte inminente. En una carrera contrarreloj, los padres lo trasladaron buscando ayuda, logrando una reacción vital mínima en Chivilcoy que permitió el posterior traslado aéreo al Hospital Universitario Austral en Buenos Aires.
Al ingresar al hospital, el pronóstico era sombrío. La gravedad era tal que un médico sugirió a la familia que quizá no fuera conveniente intervenirlo, insinuando que el niño podría estar ya clínicamente muerto.
La oración confiada del padre
En ese momento crítico, la familia se aferró a la fe. Los médicos agotaban las opciones y los padres insistieron: «Hagan todo lo que sea necesario». Fue entonces cuando el padre del niño se encomendó a Enrique Shaw, cuya causa de beatificación estaba en curso, con una oración: «Yo te cambio tu santidad por la salud de mi hijo».
A partir de esa promesa, la familia inició una cadena de oración pidiendo la curación por intercesión de Shaw. El movimiento creció rápidamente, llegando a sumar entre 7.000 y 8.000 personas en distintos países, rezando por el niño. Incluso una tía diseñó una estampita de Shaw que decía: «que sea tu milagro».
Durante 45 días, el niño permaneció internado en estado crítico, sometido a cinco cirugías cerebrales para drenar el líquido acumulado por la hipertensión intracraneal. La situación no se estabilizaba, y el equipo médico, sin más alternativas viables, tomó la decisión extrema de implantar una válvula de drenaje permanente en el cerebro.
El instante que detuvo el quirófano
La cirugía estaba programada para las tres de la tarde. Minutos antes de que el niño entrara al quirófano, el cirujano realizó una verificación final de rutina. Lo que descubrió fue absolutamente inesperado: el líquido cerebral comenzó a drenar de manera espontánea y normal. La presión intracraneal se había regulado sola. La válvula ya no era necesaria por lo que la cirugía fue suspendida.
Este instante marcó un antes y un después, pues lo que la medicina no podía lograr ni explicar, había ocurrido sin intervención técnica. A partir de ese momento, la recuperación fue rápida y sostenida. En pocos días, el niño fue extubado y comenzó a comer, mejorando neurológicamente.
Tras ser trasladado para rehabilitación, ocurrió lo que muchos consideran un segundo milagro: el niño se recuperó por completo. Hoy, ya adolescente, lleva una vida normal, sin secuelas neurológicas, sin daño cognitivo ni deformaciones visibles. Nadie que lo vea podría imaginar el calvario que atravesó.
Monseñor Santiago Olivera, vicepostulador de la causa, ha señalado al medio que el hecho, tras ser analizado rigurosamente por médicos expertos, «excede la explicación científica». Las curaciones físicas inexplicables, según Olivera, son los milagros más comunes en las causas de beatificación y canonización.
El modelo de empresario cristiano
Este milagro despeja definitivamente el camino hacia la beatificación de Enrique Shaw. Su vida fue ya en sí misma un testimonio de fe encarnada y compromiso social. Empresario y laico ejemplar, aplicó de forma concreta la Doctrina Social de la Iglesia, impulsó la ley de asignaciones familiares y creó una caja previsional propia para sus trabajadores, que ofrecía asistencia médica, préstamos para situaciones de emergencia y subsidios por enfermedad.
En 1943 contrajo matrimonio con Cecilia Bunge, con quien tuvo nueve hijos. Desde su vocación laical, Shaw fue también uno de los fundadores de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa, una entidad que reúne a ejecutivos, empresarios, emprendedores y profesionales independientes que participan a título personal con el objetivo de reflexionar sobre la actividad empresarial a la luz de los valores cristianos.
Su lealtad a sus empleados era legendaria. En 1961, cuando su salud ya estaba deteriorada por el cáncer, amenazó con renunciar a la empresa, bajo control norteamericano, si despedían a uno solo de los 1.200 trabajadores que iban a ser despedidos.
«Si echan a una sola persona, yo renuncio», advirtió Shaw a sus superiores, consciente de que esta postura podía poner a su familia en una situación difícil. Pero el riesgo no fue en vano. Logró frenar los despidos, demostrando su amor por aquellos que trabajaban a su lado.
En un episodio conmovedor, cuando le diagnosticaron cáncer, más de 200 obreros se presentaron a donarle sangre en una clínica de Buenos Aires. «Ahora soy feliz, porque por mis venas corre sangre obrera», dijo. Después de un breve viaje a Lourdes, donde ofrece sus oraciones por familiares y amigos, falleció el 27 de agosto de 1962.