La Capilla de San Olaf, construida íntegramente con hielo y nieve, sorprendió a los asistentes con sus vidrieras y altar gélidos. Wesley Buonerba y Martin Soros idearon la estructura tras inspirarse en un iglú gigante construido previamente por un amigo. El proyecto, que tomó casi una semana de trabajo, incluyó incluso un crucifijo tallado en hielo.