Participantes del programa
Sin dulces, alcohol, agua caliente o Netflix: Exodus 90, el programa que ha retado (y cautivado) a 250.000 hombres en Cuaresma
El desafío de este programa combina oración, sacrificio y fraternidad para liberarse de las ataduras modernas y redescubrir lo esencial en la vida
«El mundo nos dice que la libertad es hacer lo que quieras, cuando quieras, con quien quieras: hacer tu propia voluntad. La verdadera libertad es hacer la voluntad de Dios. La libertad es para la adoración, el sacrificio y el amor». Con esta frase se abre la página web de Éxodus 90, un fenómeno que se reactiva cada año con el comienzo la Cuaresma y que ya ha cautivado a más de 250.000 hombres en 80 países. No se trata de un simple ejercicio de voluntad o una lista de prohibiciones, sino de una propuesta de renovación plena que desafía la cultura de la comodidad.
A ojos del mundo contemporáneo, lo que comienza hoy puede parecer un período oscuro y restrictivo, pero para los católicos estos 40 días hasta la Resurrección del Señor se presentan como una oportunidad de vivir y profundizar en una libertad que nos ha sido dada pero que el mundanal ruido cotidiano nos ha 'ahogado'.
El programa exige noventa días de disciplina espartana: nada de alcohol, ni dulces, ni redes sociales innecesarias, sumado a duchas frías diarias y un compromiso de oración mental de al menos treinta minutos. La elección de este periodo no es azarosa; según expertos en psicología, noventa días es el tiempo mínimo que requiere el cerebro para romper hábitos arraigados y crear circuitos nuevos.
«Abraza la Cruz»: el reto de Cuaresma
El reto específico de la Cuaresma dentro del marco de Exodus 90, conocido como «Abraza la Cruz», no es simplemente una versión reducida del programa de noventa días, sino una inmersión profunda en el sentido litúrgico del sacrificio para liberarse de las «ataduras modernas». En el corazón de esta ascesis se encuentra un compromiso de hierro resumido en una especie de '10 mandamientos':
- Lee y medita sobre los peregrinajes de los israelitas por el desierto.
- Haz una Hora Santa cada día, incluyendo 20 minutos de silencio con Dios.
- Ofrece cada miércoles y viernes de Cuaresma como días de ayuno y abstinencia de carne.
- Practica la limosna cuaresmal dando de tu necesidad, no de tu abundancia.
- Abstente de realizar compras innecesarias
- Abandona todo tiempo innecesario frente a la pantalla, el alcohol, los postres, los dulces, las bebidas azucaradas y los refrigerios entre comidas.
- Ofrece una ducha fría cada día como un acto de ascetismo.
- Honra tu cuerpo como templo del Espíritu Santo a través de ejercicios regulares, tres veces por semana, y durmiendo una noche completa (más de 8 horas) cada noche.
- Reúnete con una fraternidad de hombres que viajan contigo y regístrate con uno de ellos cada día para construir lazos duraderos de fraternidad cristiana.
- Celebremos los Domingos de Solemnidades de Cuaresma con gozosa anticipación de la Resurrección de Cristo el Domingo de Pascua.
Pero la clave del éxito de este «éxodo» moderno no reside solo en la privación individual, sino en la fraternidad. Los participantes se organizan en grupos de cuatro a seis personas que se reúnen semanalmente y mantienen un contacto diario con uno de sus «hermanos» para evitar la autojustificación ante la pereza y fortalecer los lazos cristianos. Es una estructura de apoyo que impide que el sacrificio se convierta en una exhibición de ego, transformándolo en un camino de sanación real a través de la oración, el ayuno y la limosna dada desde la necesidad.
Además, esta estructura de apoyo mutuo es lo que permite 'transitar el desierto' sin desfallecer. El propio cardenal Robert Sarah ha respaldado la iniciativa, afirmando que esta experiencia es necesaria para dejar atrás la «esclavitud de Egipto» y encontrar a Dios en la austeridad del desierto.
Disciplina que impacta en lo cotidiano
La semilla de este fenómeno espiritual se plantó en 2013, cuando el norteamericano Jamie Baxter, entonces volcado en la formación de seminaristas, detectó una necesidad urgente de herramientas prácticas para fortalecer la fe y la voluntad.
Baxter comprendió pronto que el rigor y la disciplina diseñados originalmente para el entorno del seminario poseían un valor incalculable también para los laicos, quienes enfrentaban sus propias «esclavitudes» en medio del mundo. Fue así como decidió abrir el programa a todos los varones, configurando una hoja de ruta destinada a romper las ataduras modernas y guiar a los participantes hacia una vida de mayor libertad y propósito.
El fundador de Exodus 90, Jamie Baxter, charla con participantes del programa
El nombre del programa es una analogía directa con la aventura épica de Moisés guiando al pueblo de Israel fuera de la esclavitud de Egipto hacia la Tierra Prometida. Al igual que en el relato bíblico, Exodus 90 propone un tránsito por el desierto para abandonar ídolos contemporáneos que terminan por condicionar la vida diaria.
Los resultados trascienden lo espiritual y se manifiestan en lo cotidiano: el 99 % de quienes completan el programa aseguran sentirse más libres y han experimentado un cambio positivo en su fe. Además de la sanación interior, los participantes recuperan horas de sueño, integran el ejercicio físico habitual y ahorran una media de 300 euros al eliminar gastos superfluos.
Este miércoles comienza la Cuaresma. Y para muchos será solo un paréntesis incómodo en medio del calendario. Pero, lejos de ser una pausa, es un movimiento: un éxodo personal. Como el pueblo de Israel en el desierto, el cristiano atraviesa sus propias arideces con una promesa en el horizonte, sabiendo que no camina hacia la pérdida, sino hacia la Tierra Prometida.