Andrés David Forero Rincón ha sido recientemente ordenado sacerdote
Andrés Forero, el joven que se ha ordenado sacerdote en Mallorca mientras lucha contra el cáncer
En una solemne ceremonia en la parroquia de Sant Pere de Sencelles, este joven de origen colombiano pidió oraciones para poder ser un sacerdote «fiel, accesible y alegre», incluso en medio de la enfermedad
La parroquia de Sant Pere de Sencelles en Mallorca no fue elegida al azar para la ordenación de Andrés David Forero Rincón. Es el lugar donde ha ejercido su ministerio diaconal y donde su comunidad ha sido testigo de un camino vocacional marcado por la fragilidad física y la fortaleza espiritual.
Presidida por el obispo de Mallorca, monseñor Sebastià Taltavull, la celebración contó con la presencia de formadores, presbíteros y fieles que han acompañado a Andrés en un proceso que el propio prelado describió como una configuración profunda con Cristo.
Durante la homilía, el obispo Taltavull no pasó por alto el duro proceso de enfermedad que ha atravesado el joven, destacando que su labor pastoral no se ha limitado a los despachos o las iglesias. Dirigiéndose directamente al nuevo sacerdote, el obispo afirmó que «has predicado en silencio desde el hospital, desde la camilla de la incertidumbre, la abnegación y el dolor». Según el prelado, este tiempo de sufrimiento, asumido con fe, se ha transformado en un anuncio vivo del Evangelio: «Tu testimonio nos ha dado a todos mucha fuerza y consuelo».
Cuando la enfermedad cambia la mirada
El propio Andrés, en reflexiones recogidas durante la ceremonia, ha mostrado una madurez inusual ante la adversidad. «Ni por un momento me he sentido lejos de la mano de Dios», asegura el joven sacerdote, quien afirma haber «asumido la enfermedad como una prueba de fe». Lejos de caer en el desánimo, Forero sostiene que «la enfermedad siempre nos desconcierta, nos plantea nuevos retos y nos ayuda a cambiar nuestra perspectiva de la vida», llegando a la conclusión de que «a Dios también se le ama en medio del dolor y la confusión».
El rito de ordenación incluyó momentos de gran intensidad, como la postración total del ordenando durante la letanía de los santos y la imposición de manos del obispo y el resto de los presbíteros. Tras ser revestido con la estola y la casulla y recibir la unción en las manos con el santo crisma, Andrés quedó plenamente configurado como sacerdote. El obispo le recordó las palabras de san Pablo para definir su nueva identidad: «Ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí».
La ceremonia fue seguida con especial emoción en Colombia, país natal de Andrés, gracias a la retransmisión en directo que permitió a su familia y amigos estar 'presentes' a pesar de la distancia. Al finalizar, el nuevo presbítero expresó su gratitud y reconoció que su vocación es un don recibido por pura gracia, una llamada que llevó en su corazón durante años y que ahora se ha hecho realidad «no por mérito propio, sino por la fidelidad del Señor, que lo ha sostenido incluso en medio de la fragilidad». También pidió oraciones para poder ser un sacerdote «fiel, accesible y alegre», incluso en medio de la enfermedad.