Fundado en 1910

Pacrot, hermana de un obispo asesinado durante el genocidio, junto a monseñor SchmitthaeuslerAsia News

Roma estudia el martirio de 12 católicos asesinados durante el terror genocida de Pol Pot

Entre los candidatos a beatos figuran padres de familia cuyos hijos fueron masacrados y misioneros que pidieron perdón para sus verdugos antes de ser ejecutados

La Iglesia católica de Camboya ha dado un paso histórico para honrar la memoria de quienes mantuvieron la fe en medio del horror de los Jemeres Rojos. Tras una década de intensos trabajos, el vicariato apostólico de Phnom Penh ha clausurado oficialmente la fase diocesana del proceso de beatificación del obispo Joseph Chhmar Salas y otros once compañeros asesinados por el régimen de Pol Pot.

Según informa la agencia AsiaNews, la ceremonia de clausura del tribunal diocesano, presidida por el vicario apostólico Olivier Schmitthaeusler, marca el envío de miles de páginas de testimonios y pruebas al dicasterio para las Causas de los Santos en el Vaticano. Se trata del primer proceso canónico de este tipo para una Iglesia local que, tras ser prácticamente erradicada, renació en la década de 1990.

Un obispo para el tiempo del silencio

El grupo de posibles futuros beatos estaría encabezado por monseñor Joseph Chhmar Salas, quien fue nombrado obispo apenas tres días antes de la caída de Phnom Penh en 1975. Salas, que se encontraba estudiando en Francia, regresó a su país ante la inminente expulsión de todos los misioneros extranjeros, con el fin de asegurar que la comunidad católica no se quedara sin un pastor.

El destino del prelado fue el mismo que el de millones de sus compatriotas: los trabajos forzados en el campo. Debilitado por las privaciones y el hambre, monseñor Salas falleció en 1977 en una pagoda convertida en hospital. Su hermana Pracot, que sobrevivió al genocidio, ha sido una de las testigos clave en este proceso, relatando cómo el obispo celebraba misas clandestinas sobre su propia cama mientras otros fieles vigilaban los arrozales para dar la alarma si se acercaban los soldados.

El perdón como última palabra

El proceso de beatificación no solo incluye a clérigos. Entre los doce candidatos figuran dos religiosas, sacerdotes locales, un monje benedictino, un misionero francés y cuatro laicos. Sus historias, recogidas tras entrevistar a decenas de supervivientes, ofrecen una visión de la profunda fe con la que afrontaron la persecución de un régimen que pretendía eliminar cualquier rastro de religión.

Entre los laicos destaca la figura de Pierre Chhum Somchay, un hombre cuyos doce hijos fueron asesinados durante las masacres. A pesar del dolor, Somchay conservó durante años un pequeño cuaderno donde escribía una oración por cada uno de ellos, hasta que fue descubierto y asesinado por los Jemeres Rojos en 1977 al confirmarse su condición de cristiano.

La causa también documenta el sacrificio del misionero francés Pierre Rapin, asesinado en 1972. Consciente del riesgo, decidió permanecer con su comunidad porque sus fieles se lo pidieron. Sus últimas palabras, dirigidas a quienes le auxiliaron tras ser herido por un explosivo, son un testimonio de una fe inquebrantable en medio de un horror que se cobró la vida de un tercio de la población camboyana: «Si capturan a los que quisieron matarme, perdónenlos, no les hagan ningún daño. No sirve de nada vengarse. Tened fe en Dios».

Con el cierre de esta fase en Phnom Penh, el juicio sobre el martirio se traslada ahora a Roma. Si el Vaticano reconoce oficialmente que murieron in odium fidei (por odio a la fe), estos doce testigos se podrían convertir en los primeros beatos de la historia de Camboya, una pequeña Iglesia que hoy busca en sus mártires la fuerza para seguir caminando.