En el silencio de la iglesia parroquial de San Miguel de Pajares, en Asturias, Menéndez Pidal compuso en 1896 esta obra maestra del sentimiento religioso. El cuadro respira un recogido intimismo, centrado en la figura de un campesino que sostiene a su hijo enfermo frente al altar.
La fe del hombre se manifiesta en un detalle de profunda humildad: se presenta descalzo, en señal de respeto, dejando ver sus medias blancas mientras inclina la cabeza. El artista, de profunda devoción mariana, utiliza una pincelada suelta y una luz artificial contenida para resaltar la espiritualidad de una escena que brota directamente del natural.