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La primera Misa Solemne del P. Ciszek (en el centro) a su regreso de RusiaJesuits

El Vaticano detiene la causa de Walter Ciszek, el jesuita que sobrevivió 15 años en el Gulag

La Santa Sede y la Diócesis de Allentown han frenado el proceso de beatificación del estadounidense que sobrevivió a veintitrés años de cautiverio soviético

El proceso de canonización del padre Walter J. Ciszek (1904-1984), actualmente bajo la jurisdicción de la Diócesis de Allentown, Pensilvania, y la supervisión de su obispo Alfred A. Schlert, ha sufrido un alto en el camino.

Así lo ha confirmado Ronald Bocian de la Father Walter Ciszek Prayer League, la organización oficial encargada de promover su causa, en una carta fechada el pasado 9 de abril, donde afirma que la Santa Sede ha determinado que que las pruebas presentadas no son suficientes para elevar al jesuita a los altares. Una noticia que llega apenas días después de que se cerrara también el proceso del obispo argentino Jorge Novak.

La decisión de la Santa Sede no es una valoración moral sobre su figura, sino una cuestión técnica y procedimental. «La diócesis ha sido informada de que la documentación relativa a su causa no respalda el avance de su causa de beatificación o canonización», explicó Bocian. Durante décadas, los jesuitas y la Liga de Oración reunieron una ingente cantidad de material, incluyendo testimonios y documentos procedentes de archivos rusos, para documentar la «fe heroica» de Ciszek.

A pesar de la decepción que esta noticia pueda suponer para sus devotos, desde la Liga de Oración subrayan que este dictamen no disminuye el valor espiritual de su vida ni su legado. Ciszek sigue siendo una figura de referencia por sus escritos espirituales, especialmente por sus obras Él me guía, Con Dios en Rusia y, su obra más famosa, Caminando por valles oscuros, donde relató sus años de supervivencia a la tortura, los trabajos forzados y la persecución de la fe en el sistema comunista.

El «sacramento» del trabajo en Siberia

Para entender la importancia de Ciszek, hay que remontarse a 1941, cuando fue arrestado en la Unión Soviética acusado injustamente de espionaje para el Vaticano. Tras pasar por la temida prisión de Lubianka en Moscú, fue condenado a 15 años de trabajos forzados en los Urales y en Norilsk, Siberia. Fue en ese infierno rojo donde el jesuita desarrolló una mística de abandono total a la Providencia.

Ciszek hablaba del «sacramento» del trabajo diario, convencido de que realizar tareas como mover carbón bajo temperaturas extremas era una forma de colaboración con lo divino. «No construí una nueva ciudad en Siberia porque Stalin lo quisiera, sino porque Dios lo quería», dejó escrito en sus memorias, reinterpretando incluso esa deshumanizante esclavitud como un camino de sentido espiritual.

Mientras en Occidente se le daba por desaparecido o se le consideraba un «fantasma» tras el telón de acero, él vivía cada jornada con la convicción de que su presencia en Siberia no era un error, sino una misión divina: «Fui colocado aquí en medio de los campos de trabajo para trabajar como él podría haber trabajado si hubiera estado aquí»

Incluso bajo la vigilancia constante del sistema soviético, el padre Walter nunca abandonó su ministerio. Celebraba la Santa Misa en secreto, a menudo sobre troncos de madera en los bosques o en los barracones de los campos de trabajo. Para los prisioneros que lo acompañaban, aquellas misas clandestinas eran tan esenciales como la comida.

Tras su liberación en 1963, Ciszek regresó a Estados Unidos como un hombre marcado por el sufrimiento, que él mismo describía como un proceso de purificación «como el oro en el horno». Aunque el proceso en Roma se haya detenido, su humilde y evocador testimonio y su capacidad para encontrar a Dios en los «valles oscuros» de la historia siguen interpelando a la Iglesia.