El nacimiento de la Virgen, de Murillo
El cumpleaños de la «Reina bella»: cinco poemas del Siglo de Oro para celebrar la Natividad de la Virgen
Lope de Vega y Miguel de Cervantes elevaron sus plumas para contemplar el nacimiento de una Niña colmada de gracia, ofreciendo un ramillete de versos inmortales que anuncian el fin de la noche y la inminente llegada del Sol de Justicia
En el nacimiento de cualquier niño hacemos fiesta, pero el de María rompe la historia. Ella no viene al mundo bajo la herencia del pecado original, sino en gracia plena. Es la clara estrella que anuncia el final de la noche cerrada y herida por la culpa. Su bendita aurora precede al Sol de Justicia que nos traerá la salvación esperada. En su tierna pequeñez se vislumbra, desde la cuna, la redención del género humano.
En su cuna contemplamos el templo humano más perfecto de la Santísima Trinidad. Desde su primer suspiro, María es plenamente consciente del amor infinito de Dios. No actúa por inercia o coacción, sino con una voluntad enteramente libre y dócil. Su correspondencia fiel multiplica a cada instante la gracia que ya habita en ella. Toda su vida terrena es un vuelo constante de amor puro hacia su Creador.
Esta honda teología, que se celebra con gozo en cada rincón de nuestra geografía, encontró su traducción más bella en las letras y la lírica de nuestro Siglo de Oro. Lope de Vega y Cervantes convirtieron la doctrina mística en una oración cercana. Sus poemas contemplan con asombro, sencillez y ternura la cuna de la Niña. Son versos inmortales escritos para cantar el entrañable cumpleaños de la Madre.
Lope de Vega — «Canten hoy, pues nacéis vos»
los ángeles, gran Señora,
y ensáyense desde ahora
para cuando nazca Dios.
Canten hoy, pues a ver vienen
nacida su Reina bella,
que el fruto que esperan de ella
es por quien la gracia tienen.
Digan, Señora, de Vos,
que habéis de ser su Señora,
y ensáyense desde ahora
para cuando nazca Dios.
Pues de aquí a catorce años,
que en hora buena cumpláis,
verán el bien que nos dais,
remedio de tantos daños.
Canten y digan por Vos
que desde hoy tienen Señora,
y ensáyense desde ahora
para cuando nazca Dios.
Lope de Vega — «Nace el alba María»
y el sol tras ella,
desterrando la noche
de nuestras penas.
Nace el alba clara,
la noche pisa,
del cielo la risa
su paz declara;
el tiempo se para
por sólo vella,
desterrando la noche
de nuestras penas.
Para ser señora
del cielo, levanta
esta niña santa
su luz como aurora;
él canta, ella llora
divinas perlas,
desterrando la noche
de nuestras penas.
Aquella luz pura
del sol procede,
porque cuanto puede
le da hermosura;
el alba asegura
que viene cerca,
desterrando la noche
de nuestras penas.
Lope de Vega, de 'Los pastores de Belén'
y anoche se vio arrebol;
sin duda tendremos sol,
pues amanece tal día.
Arreboles de esperanzas
ayer vio en el cielo el suelo,
y hoy sale el Alba del cielo
con rayos de confianzas,
Pues siendo el Alba María
y Ana el divino arrebol,
no puede tardar el Sol
estando tan claro el día.
Lope de Vega a la Natividad de María
el Alba ha salido ya?
-Buenos días, claro está,
pues ha nacido María.
De la tierra te levanta,
mira que sale la Aurora,
que el cielo y la tierra dora
con su pura y virgen planta.
¿No despiertas? -Ya querría.
-Mira la luz que te da:
-Buenos días, claro está,
pues ha nacido María.
Huye la noche cruel
del pecado, temerosa
la luz desta Niña hermosa
que hoy nace al mundo sin él;
recuerda, pues, ¡qué porfía!
¿Pues hay luz? -Vístete ya:
-Buenos días, claro está
pues ha nacido María.
Está diciendo su lumbre
que el Sol, que los hombres salva,
ha de venir tras el Alba
por aquella misma cumbre.
¿y duermes tu? A ver el día:
-Buenos días, claro está
pues ha nacido María.
Miguel de Cervantes, de 'Los trabajos de Persiles y Sigismunda'
tierna, pero tan fuerte, que la frente,
en soberbia maldad endurecida,
quebrantasteis de la infernal serpiente.
Brinco de Dios, de nuestra muerte vida,
pues vos fuisteis el meollo conveniente,
que redujo a pacífica concordia
de Dios y el hombre la inmortal discordia.
La justicia y la paz hoy se han juntado
en vos, Virgen santísima, y con gusto
el dulce beso de la paz se han dado,
arra y señal del verdadero Augusto.
Del claro amanecer, del sol sagrado
sois la primera aurora; sois del justo
gloria; del pecador, firme esperanza;
de la borrasca antigua, la bonanza.