De los montes vascos a las islas del Pacífico
Centenario de las mercedarias misioneras de Bérriz y su mensaje redentor a los cinco continentes
Las primeras misioneras que salieron de Bérriz rumbo a China en 1926
El 19 de septiembre de 1926 salieron de Bérriz (Vizcaya), pequeño pueblo rodeado de montañas, las primeras misioneras con destino a China. Después partieron otros grupos hacia Japón y las islas Marianas y Carolinas.
Estos días hemos celebrado con emoción el centenario de las mercedarias misioneras de Bérriz (MMB). El Obispo de Bilbao, monseñor Joseba Segura ‒presidente de la Comisión de Misiones de la Conferencia Episcopal Española‒, presidió la misa el sábado 19 de septiembre, con la presencia del alcalde, otras instituciones y cientos de fieles. Una celebración con vocación universal, plurilingüe y rebosante de alegría, que reunió a la familia mercedaria: Orden de la Merced (masculina y femenina), mercedarias de la Caridad, mercedarias misioneras de Barcelona y Laicado MMB.
La coordinadora general de las MMB, hermana Lourdes Gorostola -cuarta por la izquierda-; el obispo de Bilbao, mons. Joseba Segura; y autoridades civiles y religiosas, en Bérriz (Vizcaya), en el lugar de donde salieron las primeras misioneras en 1926.
Tuvo especial interés la mesa de vivencias misioneras. Las hermanas Isabel Seman (Saipán, Marianas de Norte), Angela Liu (Taiwán) y Filomena Hirota (Japón) explicaron con precisión la evolución de las misiones en sus territorios. Escucharlas fue una experiencia inspiradora.
Bajo el lema «Cruzando fronteras para dar vida» y el logotipo que representa una vinta o barca del Pacífico, empiezan dos años del centenario de sus misiones (1926-1928) en lugares remotos, hasta Oceanía. Navegaron hasta los confines de la Tierra para llevar la Palabra, con el carisma redentor y liberador de la Merced.
Hoy están en los cinco continentes: Europa (España), África (Congo, Zambia), América (México, Guatemala, Ecuador, Perú, EE. UU.), Asia (Japón, Taiwán, Filipinas) y ‒lo más llamativo y diferenciador‒ Oceanía, con hermanas nacidas o que trabajan en Marianas del Norte, Guam, Palaos y Estados Federados de Micronesia.
Felicitamos a Lourdes Gorostola, coordinadora general de las MMB, a Ana Isabel González, consejera general, a Itziar Alfaro, coordinadora de la Misión de España, y a todas y cada una de las hermanas, en este centenario. Hemos vivido unos días de conversaciones y reflexiones: la misa con la comunidad, la tumba y la habitación de la beata Margarita, el Museo Margarita María, las comidas, la estancia en la casa de espiritualidad Bernezabal con sus terrenos boscosos para meditar...
Una historia liberadora y transformadora
La Orden de la Merced fue fundada en 1218 por san Pedro Nolasco, en Barcelona, para la liberación de cautivos cristianos en tierras africanas. En esa época surgieron grandes órdenes: franciscanos (1209), clarisas (1212) y dominicos (1216). En 1540 nació el convento de clausura de las mercedarias de Bérriz, que en el siglo XIX añadió colegio e internado de niñas. Después llegó la transformación y la apertura al mundo.
Margarita María López de Maturana (Bilbao, 1884) tomó el hábito de la Merced en 1903, con 19 años. Tuvo la inspiración de transformarlo y salir a las misiones. ¡Y convenció a todo el mundo! Las 94 monjas del convento la apoyaron. De la clausura a las costas e islas del océano Pacífico. En 1926 vio cumplir su sueño: la salida hacia Wuhu (China) de seis monjas, con sus hábitos de entonces, dispuestas a aprender chino... Impactante.
En 1928 y 1931 ella misma fue a las misiones y viajó alrededor del mundo ‒como un nuevo Elcano, que logró la Primera Vuelta al Mundo en 1522‒. En 1930 se aprobó la transformación del convento en instituto misionero. Murió de cáncer en 1934 en San Sebastián. Fue beatificada en 2006, en la catedral de Santiago, de Bilbao. Recuerdo con gran emoción aquel acontecimiento, que congregó a personas de los cinco continentes.
Beata Margarita María López de Maturana
La beata Margarita Maturana, con extraordinaria visión y valentía, supo interpretar los cambios de la Iglesia y la sociedad, en especial sobre el papel de la mujer. Recordemos que en 1919 el Papa Benedicto XV publicó la «Carta Apostólica Maximum Illud, sobre la propagación de la fe católica en el mundo entero», que incluye una «Exhortación especial a las misioneras […] para infundirles nuevos ánimos»; y que el Estatuto Municipal de 1924 reconocía que las mujeres podían ser electoras y elegibles, por primera vez en España.
La beata Margarita quería misioneras «sinceras, leales, con grandeza de alma, equilibradas, abiertas, con criterios amplios». Y así siguen, dando ejemplo de entrega, amor de Dios, esperanza y vocación vital. Son admirables. Doy fe. Su ilusión es una gran propuesta de futuro. Como dijo mons. Segura en su homilía ‒en español, euskera e inglés‒, la navegación continúa.
Rafael Rodríguez-Ponga es presidente de la Asociación Española de Estudios del Pacífico; de la Asociación Mirlo de Desarrollo, Humanismo y Cultura; y de la Plataforma Internacional de Cooperación y Migración.