Emmanuel Macron con Brigitte y el Papa Leon XIV
El Papa inicia su viaje a Francia frenando las pretensiones de Macron
León XIV no viaja para rendir pleitesía al poder secular o para hacer 'marketing' sobre si mismo, sino para encontrarse con una Iglesia concreta y con una sociedad que atraviesa sus propias preguntas
El viaje apostólico del Papa León XIV a Francia que comienza este viernes 25 de septiembre muestra hasta qué punto la diplomacia de la Santa Sede responde a una lógica distinta de la diplomacia convencional. León XIV se encontrará con Emmanuel Macron en el Elíseo y hablará ante las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, pero el programa del Santo Padre desborda ampliamente ese marco: incluye Notre-Dame, una vigilia con jóvenes, Lourdes, los enfermos, los obispos y un encuentro sobre las raíces de Europa y su unidad.
El Papa no viaja para rendir pleitesía al poder secular o para hacer 'marketing' sobre si mismo, sino para encontrarse con una Iglesia concreta y con una sociedad que atraviesa sus propias preguntas. Su presencia recuerda además que las Iglesias particulares no son realidades autónomas, sino comunidades vinculadas entre sí y a la sede de Roma. Sus viajes apostólicos son, por eso, mucho más que actos institucionales: responde a una diplomacia que acepta hablar con los Estados y con las instituciones internacionales, pero que no confunde la interlocución política con su propia misión.
Un rechazo a los honores del Elíseo
Desde la presidencia francesa se pretendía desplegar un recibimiento de máxima solemnidad, que incluía ceremonias militares, un banquete de Estado, la concesión de la Gran Cruz de la Legión de Honor –la condecoración más prestigiosa de Francia– y un paseo privado para mostrar al Pontífice la reconstrucción de Notre Dame. Sin embargo, la Santa Sede rehusó. El contacto con Macron se limitará a la recepción de cortesía en el aeropuerto de París-Orly y a una reunión bilateral en el Elíseo.
En lugar de una visita guiada a puerta cerrada por las obras del templo parisino junto al presidente, León XIV rezará las Vísperas en la catedral rodeado del clero y los fieles de la Iglesia francesa. Una decisión que constituye toda una declaración de principios frente a las pretensiones de Macron, quien parece buscar reducir la figura del Sucesor de Pedro a un mero socio diplomático en el tablero geopolítico europeo.
También el Elíseo se desmarca
Pero la separación de agendas también ha quedado ratificada por el propio Elíseo, que confirmó que Macron estará representado tan solo por su primer ministro, Sébastien Lecornu, y por la primera dama, Brigitte Macron, en la Misa multitudinaria de la Plaza de la Concordia y los Campos Elíseos. El jefe del Estado francés tampoco acudirá a la celebración dominical en el santuario de Lourdes ni a la Santa Misa en la catedral de Metz.
En todo caso, más allá de la lectura política o del recurrente debate sobre el laicismo francés, la Santa Sede quiere situar el foco allí donde considera que está el sentido propio de la visita: en el encuentro del Papa con la comunidad creyente y con la Iglesia local. Como bien precisó el portavoz vaticano, Matteo Bruni, el itinerario responde a una «Iglesia en salida» que busca fortalecer la búsqueda de unidad, escuchar a los jóvenes y ofrecer consuelo espiritual.
Francia vive un momento de particular complejidad espiritual, marcado por un notable repunte de los bautismos y las conversiones de adultos, pero también por el azote de los ataques vandálicos contra lugares de culto, el acusado descenso de las vocaciones sacerdotales y religiosas, la reorganización del tejido parroquial y una menor frecuencia en la recepción de los sacramentos. En este escenario, la presencia de León XIV como pastor y vicario de Cristo busca acompañar este despertar católico y reavivar las raíces cristianas de la «hija mayor de la Iglesia», sin complejos ni peajes ideológicos.