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Marco Frisina

Marco FrisinaCedida

Entrevista con Marco Frisina, sacerdote y director de orquesta

El director del concierto con los pobres del Vaticano: «Hay que llevar belleza a los lugares de sufrimiento»

Marco Frisina y Speranza Scappucci han dirigido el Concierto de Navidad del Vaticano

El Vaticano organiza el Concierto de Navidad por los pobres y con los pobres desde hace cuatro años. La edición de este año se ha llevado a cabo el 15 de diciembre en el Aula Pablo VI. Esta edición renueva el compromiso de acercar la cultura y la música a las personas frágiles, marginadas y sin hogar. Se interpretan piezas navideñas y clásicos de Mozart, Rossellini y Tchaikovsky a cargo de la orquesta y el coro del Teatro dell'Opera di Roma y la diócesis, bajo la dirección de monseñor Marco Frisina y Speranza Scappucci.

El Papa Francisco se reunió este viernes en la mañana con los organizadores del Concierto de Navidad con los Pobres, agradeciéndoles por su colaboración en el evento que busca ofrecer un concierto gratuito a miles de personas necesitadas. El Pontífice destacó la importancia de pasar del «por» al «con», compartiendo el mensaje cristiano de cómo Dios vive con nosotros. Pidió oraciones para que el evento fomente la fraternidad, más allá de la música y las decoraciones, encomendándolas a la intercesión de la Virgen María y deseando una feliz Navidad a todos.

Imagen del concierto por los pobres

Imagen del concierto por los pobresConcerto con i Poveri

En una charla con El Debate, los directores de orquesta italianos Marco Frisina y Speranza Scappucci compartieron sus impresiones sobre una experiencia única. Para ellos, fue un regalo y una oportunidad tanto artística como espiritual el poder dirigirse a un público especial: cerca de 3000 personas desfavorecidas, sin hogar o marginadas.

«Este público no está acostumbrado a conciertos, a la orquesta, al coro, por lo que ver su sorpresa, entusiasmo y emoción cada vez es algo que toca profundamente el corazón. Para mí, la música siempre es un acto de amor», opinó Frisina, quien también es autor de himnos litúrgicos conocidos y apreciados en Italia y en el extranjero, a menudo traducidos a varios idiomas, en 1984 fundó el Coro de la diócesis de Roma, con el cual anima las liturgias más importantes, algunas de ellas presididas por el Santo Padre.

Por primera vez en la historia, una directora de orquesta ha dirigido el Concierto de Navidad en el Vaticano. Speranza Scappucci ha estado al frente de la orquesta y el coro del Teatro dell'Opera di Roma, uno de los más prestigiosos de Italia.

–¿Cree usted que la música y el arte son aún más importantes en momentos como estos, cuando el mundo enfrenta fealdad, violencia y marginación, incluso hacia los menos afortunados?

–Absolutamente sí. En este concierto buscamos ofrecer ambas cosas: alimentar el alma y el cuerpo. Es crucial, junto con el sustento físico, brindar nutrición espiritual. Regalar alegría, consuelo y ternura es como abrazar a estas personas. Imaginen el Aula Pablo VI: detrás de ellos están los invitados habituales, pero los verdaderos invitados de honor, los menos afortunados, están en primera fila. Están rodeados por nosotros adelante, con la orquesta y el coro, y detrás por el público que los rodea. Es importante que sientan que son protagonistas de algo espiritualmente hermoso y conmovedor. Creo que para aquellos que tal vez vienen de zonas de guerra y solo han experimentado explosiones, escuchar la música y los sonidos es una experiencia única. Quizás debemos multiplicar este tipo de iniciativas, llevarlas también a esos lugares de sufrimiento y dolor, mostrando que hay un mundo de belleza que se puede alcanzar. Quizás debamos ser nosotros quienes lleven la belleza a esos lugares de sufrimiento.

Concierto por los pobres de 2022

Concierto por los pobres de 2022Concerto con i Poveri

–¿Tiene algún recuerdo particular de una persona en los pasados conciertos que lo haya impactado profundamente?

–Recuerdo a los reclusos que llegaron antes que los demás por razones de seguridad, entraron al aula primero. Fui a saludarlos y lo primero que me dijeron fue: '¡Pero qué grande es esto!'. Estaban acostumbrados al tamaño de una celda. Estar en el Aula Paolo VI, tan amplia que puede contener a 7000 personas, fue una sensación de grandeza para ellos. Me impactó mucho verlos asombrados. Y luego, había una mujer sin hogar en las primeras filas que se entusiasmaba con cada pieza musical, aplaudía y se ponía de pie con una alegría increíble.

–¿Qué nos puede decir de sus colegas directores o músicos que participaron en las anteriores ediciones del concierto para los pobres en el Vaticano?

–Tuve la suerte de colaborar con artistas extraordinarios como Daniel Oren, Ennio Morricone, Nicola Piovani. Recuerdo a Nicola Piovani conmovido, llorando, y a Morricone, a pesar del fuerte dolor de espalda, dirigiendo con entusiasmo juvenil. Fue precisamente ese público compuesto por personas menos afortunadas lo que transmitió una energía diferente, que llega al corazón. No es solo la energía sólida del público, sino la energía de quienes están allí para recibir esas experiencias con una sorpresa que generalmente no vemos.

–¿Cuál mensaje le gustaría compartir con los lectores de El Debate, especialmente en esta época navideña?

–Me gustaría invitarlos a redescubrir la belleza, el alma y el corazón. Debemos recordar que tenemos el deber de difundir la belleza, es una responsabilidad de todos, no solo de los artistas o músicos, sino de cada individuo. La Navidad nos recuerda la sorpresa del niño en el pesebre, su tierna sencillez. También nos recuerda la belleza del coro de ángeles que canta con alegría porque ve el mundo iluminado por esa luz. Esa luz es lo que debemos llevar y regalar al mundo. Si no hay luz en los corazones de los hombres, la oscuridad genera guerras, violencia, dolor y sufrimiento. La música, el arte, la belleza y el corazón de las personas pueden ser portadores de luz, alegría y paz. El mundo necesita luz y debemos contribuir a llevarla.

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