Papa Francisco
Tres enseñanzas espirituales que dejó Francisco (y han pasado desapercibidas)
Aunque existen numerosas valoraciones sobre su pontificado, hay elementos de su legado que requieren una mayor atención: su devoción a San José, al Sagrado Corazón de Jesús y a la Divina Misericordia
Desde el fallecimiento del Papa Francisco el pasado lunes, los análisis sobre su pontificado no han dejado de multiplicarse. Uno de los aspectos más celebrados ha sido su cercanía con los más necesitados: los pobres, los excluidos, los marginados. Francisco se ganó el título de 'Papa de las periferias', un apelativo que refleja su incansable lucha por los más vulnerables.
No obstante, este énfasis, repetido en los últimos años y especialmente en estos últimos días, podría prestarse a interpretaciones que reduzcan su mensaje a un ángulo meramente 'político', dejando de lado aspectos esenciales de su labor como Vicario de Cristo y conductor de la misión universal de la Iglesia. Una misión que no se limita a la atención material de los más necesitados sino que también abarca la transmisión del mensaje de salvación a toda la humanidad.
Aunque existen numerosas valoraciones sobre sus 12 años como Papa, hay elementos de su legado que requieren una mayor atención. Su devoción a san José, al Sagrado Corazón de Jesús y a la Divina Misericordia fueron transmisiones significativas de su vida y magisterio y, aunque fueron fundamentales, no siempre han sido resaltados de manera prominente en los análisis más comunes.
«Yo quiero mucho a San José»
Para el Pontífice argentino, san José fue un modelo de cómo vivir la fe con humildad, sencillez y determinación. Francisco contó en varias ocasiones que guardaba en su escritorio una imagen del padre adoptivo de Jesús durmiendo: «Cuando tengo un problema, una dificultad, yo escribo un papelito y lo pongo debajo de san José para que lo sueñe. Esto significa para que rece por ese problema».
En continuidad con sus predecesores, Bergoglio dio un paso importante en la veneración de san José dentro de la liturgia. En 2013, mediante un decreto de la Congregación para el Culto Divino, se ordenó la inclusión de su nombre en todas las Plegarias Eucarísticas del Misal Romano, ampliando su presencia en la Misa y reforzando su papel como intercesor de la vida cristiana.
En 2020, con ocasión del 150 aniversario de su proclamación como Patrono de la Iglesia Universal, Francisco profundizó en su figura a través de la carta apostólica Patris corde. En ella, destacó a José como un modelo de paternidad, humildad y servicio silencioso, un ejemplo de entrega y dedicación que sigue inspirando a la Iglesia.
Carta apostólica 'Patris Corde'
Si a veces pareciera que Dios no nos ayuda, no significa que nos haya abandonado, sino que confía en nosotros, en lo que podemos planear, inventar, encontrar.
El Sagrado Corazón de Jesús: la cercanía del amor redentor
Dilexit Nos, la última encíclica escrita por el Papa y dedicada al Sagrado Corazón de Jesús, pasó desapercibida en comparación con sus escritos anteriores como Laudato sí’ y Fratelli tutti. Aunque se percibió una distancia con los temas que había tratado antes como ecología y fraternidad humana, el Papa reinterpretó estos mensajes, incidiendo en que el núcleo de la fe cristiana no se basa en ideas abstractas, conceptos, ni en una mera ética o conjunto de valores, sino en una persona: Jesucristo, verdadero centro de la fe.
En este texto, retomó una devoción histórica que había quedado algo relegada en el magisterio reciente, colocando en el centro el amor humano y divino del Sagrado Corazón de Jesús. Francisco subraya que este amor no es algo teórico, sino una fuerza palpable que llama a la acción y a la misericordia cotidiana, como un principio que guía la vida cristiana.
El Papa enfatizó que la devoción al Corazón de Jesús vincula al creyente con la misión redentora de Cristo, participando de su deseo de llevar el amor de Dios a toda la humanidad. Esta devoción, explicó, impulsa a salir del individualismo y a asumir con responsabilidad la tarea de colaborar en la obra evangelizadora del mundo.
La misericordia es «es el corazón del Evangelio»
Guiado por el espíritu jesuita, Francisco cimentó su papado en la convicción de que el servicio es una respuesta al amor de Dios. Siguiendo el principio de san Ignacio de Loyola, «en todo amar y servir», no solo predicó esta visión, sino que la llevó a la práctica con un liderazgo concreto. Extendió este enfoque al mundo entero, llevando la fe a quienes más lo necesitan e impulsando a la Iglesia a convertirse en una fuerza transformadora en la sociedad.
Una manifestación clave de este compromiso fue su énfasis en el perdón y el sacramento de la confesión, especialmente durante el Jubileo de la Misericordia (2015-2016). Más allá de las palabras, Bergoglio implementó cambios prácticos, como permitir que todos los sacerdotes pudieran absolver el pecado del aborto, una facultad que antes solo pertenecía a los obispos.
El pontífice, como pastor de la Iglesia, entendió que su rebaño era el mundo y por eso invitó a todos a encontrar en la misericordia de Dios un refugio accesible, al que no hay que tener miedo, subrayando que el perdón no debía ser un privilegio restringido. Como recordó la homilía de ayer de su funeral, vivió destacando que la misericordia es «el corazón del Evangelio».