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Chimenea instalada en la Capilla SixtinaEFE

Cónclave

Cuando el color de las fumatas confundía al Vaticano

El uso de las fumatas blancas y negras para anunciar la elección del nuevo pontífice data de 1914

Miles de fieles de todo el mundo se han desplazado a Roma para presencial el momento de la elección del nuevo Pontífice tras el fallecimiento del Papa Francisco el pasado 21 de abril. El Colegio cardenalicio se encuentra recluido en la Capilla Sixtina, en un cónclave en el que un total de 133 cardenales tendrá que votar al sucesor del Papa Francisco. El nuevo cardenal tendrá que contar con dos tercios de los votos.

Por norma general se realizan cuatro votaciones al día: dos por la mañana y dos por la tarde. Los cardenales rezan el laudes (oración de la mañana) a las 9.00 antes de votar, y tras las dos rondas vespertinas celebran las vísperas.

La fumata negra y la fumata blanca son las señales de humo empleadas para comunicar el resultado de las votaciones al mundo. Para ello, utilizan la combustión producida por medio de una estufa instalada en la propia Capilla Sixtina. Una votación en la que no se consiga el umbral de los dos tercios resultará en una fumata negra. Por el contrario, el mundo conocerá la elección de un nuevo Pontífice a través de una fumata blanca, tradición que comenzó en 1914.

Cuando la paja confundía a los fieles

Actualmente, el color del humo de las fumatas se consigue con la quema de distintos productos químicos. Sin embargo, antes de esto, se usaba paja y papel que, en más de una ocasión, desconcertó a los fieles, ya que el humo era bastante ambiguo.

Se tiene constancia al menos de lo ocurrido en el cónclave de 1958, cuando se trataba de encontrar sucesor a Pío XII. Durante la votación, el humo blanco emergió de la chimenea, lo que hizo que la multitud reunida en la plaza de San Pedro asumiera con júbilo que la Iglesia ya tenía un nuevo papa. Incluso Radio Vaticano llegó a anunciarlo. Sin embargo, al cabo de unos minutos, el humo comenzó a oscurecerse. El motivo fue que la paja que los cardenales arrojaron al fuego no prendió de inmediato, necesitando más tiempo para comenzar a arder correctamente.

Un episodio similar ocurrió en 1939, durante la elección de Pío XII. Una vez que el cónclave lo proclamó como nuevo pontífice, las autoridades vaticanas se encontraron con dificultades para generar la tradicional fumata blanca. Tras varios intentos fallidos, hasta en cuatro ocasiones, se vieron obligados a recurrir a los altavoces de la plaza de San Pedro para comunicar la noticia directamente.