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El Papa llega a la basílica de San Pedro para celebrar la Vigilia de NavidadAFP

León XIV en la Vigilia de Navidad: «Dios quiere convertirse en hombre para liberarnos de toda esclavitud»

En la Misa del Gallo, el Papa introdujo un acento claro: para encontrar al Salvador no hay que mirar hacia arriba, sino «inclinar la cabeza en el establo de al lado»

La Navidad no es el recuerdo de un acontecimiento del pasado ni una mera tradición que se repite: es una llamada a dejar que Cristo vuelva a nacer en el corazón del hombre. Cada año se celebra lo mismo, pero cada Navidad puede abrir algo nuevo.

En la Misa de la Vigilia de Navidad, celebrada en la basílica de San Pedro a las diez de la noche —recuperando el horario nocturno tras el adelanto introducido por Francisco durante la pandemia—, el Papa León XIV pronunció una homilía dirigida a los fieles de todo el mundo con matices propios, distinta de las misas de Navidad celebradas hasta ahora en el Vaticano por otros Pontífices, pero fiel a la misma esencia: contemplar el Nacimiento de Dios desde la alegría de saberse hijos del Salvador que ha venido al mundo y acoger el amor y la paz que trae consigo. «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor», resonó en la liturgia.

Una celebración marcada por circunstancias singulares: un nuevo Papa al frente de la Iglesia y el ocaso de un Año Santo dedicado a la esperanza, la reconciliación y la conversión, desde las que León XIV situó su homilía. En ella advirtió que la humanidad ha pasado milenios escrutando el cielo, dando nombre a «estrellas mudas», en busca de una verdad que no encontraba abajo, «entre sus propias casas».

El mensaje de esta Nochebuena fue una ruptura con esa búsqueda distante. «La huella del día que alborea —afirmó el Papa— ya no hay que buscarla lejos, en los espacios siderales, sino inclinando la cabeza en el establo de al lado».

El Nacimiento que cambió el rumbo de la historia

El Papa ha citado a Benedicto XVI para recordar que, si no hay sitio para el hombre —para el pobre, el niño o el extranjero—, sencillamente no hay sitio para Dios. «En la tierra no hay espacio para Dios si no hay espacio para el hombre: no acoger a uno significa rechazar al otro», ha sentenciado. El Pontífice ha confrontado la «economía distorsionada» que trata a las personas como mercancía frente a un Dios que revela la «dignidad infinita de cada persona» al hacerse semejante a nosotros.

En un mundo donde el hombre juega a ser Dios para dominar, el Santo Padre propone el camino inverso: «Dios quiere convertirse en hombre para liberarnos de toda esclavitud». El Papa insistió en que la Navidad no es una idea teórica para resolver problemas, sino una «historia de amor que nos involucra». Ante la violencia y la opresión, la respuesta de Dios es una «suave luz que ilumina con la salvación a todos los hijos de este mundo».

León XIV instó a los fieles a no temer a la noche y a convertirse en mensajeros de este don recibido. La alegría de la Navidad, explicó, nace de saber que Dios se ha hecho uno de nosotros para liberarnos de cualquier esclavitud, permitiéndonos caminar con «virtudes en el corazón» hacia el amanecer de un nuevo día.

Con el Jubileo llegando a su fin, la misión que queda es la de la gratitud y el testimonio. El Papa ha definido la Navidad como la fiesta de la fe, la caridad y la esperanza, virtudes que deben permitirnos caminar hacia el alba sin temer a la noche. Para encontrar al Salvador no hay que mirar hacia arriba, «sino contemplar hacia abajo». Al final, la omnipotencia divina ha decidido manifestarse en la «impotencia de un recién nacido», obligándonos a bajar la mirada para poder, por fin, ver de verdad.