León XIV durante una sesión del consistorio extraordinario
León XIV cierra su primer gran consistorio y anuncia otro para junio
El Papa ha subrayado que el próximo encuentro continuará las peticiones formuladas antes del cónclave, una señal de que este ejercicio forma parte de una hoja de ruta pensada a largo plazo
El Papa León XIV ha concluido este jueves, 8 de enero, su primer gran consistorio extraordinario con un gesto que dice mucho de su estilo de gobierno: ya hay fecha para el siguiente. Será en junio, en torno a la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, y no será una excepción, sino —si nada cambia— parte de una práctica que el Pontífice quiere convertir en habitual. Al menos un consistorio al año, de tres o cuatro días, como espacio privilegiado de discernimiento común.
Durante dos intensas jornadas, el Papa estadounidense ha reunido en el Vaticano a 170 de los 245 cardenales que integran el actual Colegio Cardenalicio, electores y no electores, procedentes de todos los rincones del mundo, con el objetivo de escuchar, dialogar y recabar ayuda para el gobierno de la Iglesia en un momento marcado por profundas tensiones internas y externas. Pero el resultado va más allá del balance de temas tratados. León XIV ha dejado claro que entiende la colegialidad no como un concepto teórico, sino como un método estable de trabajo.
Ayudar al Sucesor de Pedro
Así lo confirmó el portavoz vaticano, Matteo Bruni, al término del encuentro: el Papa ha propuesto celebrar una cumbre de este tipo cada año y ha anunciado un nuevo consistorio extraordinario para este mismo 2026. El anuncio llegó en el discurso conclusivo de la tercera y última sesión, celebrada la tarde del jueves, apenas ocho meses después de su elección.
En estos días, León XIV ha insistido una y otra vez en la necesidad de la unidad. Conoce bien las divisiones que han atravesado a la Iglesia durante los últimos años. «La unidad atrae y la división dispersa», advirtió, pidiendo a los purpurados que no caigan en la tentación de «promover agendas personales o grupales».
El Papa describió al Colegio Cardenalicio como «un grupo muy variado enriquecido por muchas procedencias, culturas, tradiciones eclesiales y sociales, trayectorias formativas y académicas, experiencias pastorales y, naturalmente, caracteres y rasgos personales», afirmó. Precisamente por eso —subrayó— están llamados primero a conocerse y a dialogar, para poder trabajar juntos.
La valoración de los cardenales participantes refuerza la impresión de que el consistorio no ha sido un mero trámite consultivo. El cardenal Stephen Brislin, arzobispo de Johannesburgo, definió la experiencia como «muy enriquecedora». Interpretó además la convocatoria de un nuevo consistorio en junio como una señal inequívoca del peso que León XIV concede a este órgano. «El hecho de que haya un nuevo encuentro es una señal de que el Santo Padre se ha tomado muy en serio que podemos ayudarlo en su papel de Sucesor de Pedro», afirmó.
En la misma línea se expresó el cardenal Rueda Aparicio, quien destacó que «ocho meses después del cónclave, el Papa ha querido convocarnos para escucharnos», un gesto que, a su juicio, «fortalece la misión de la Iglesia». No es un matiz menor: León XIV ha insistido en que el próximo consistorio se sitúa «en continuidad» con las peticiones formuladas durante las congregaciones generales previas al cónclave, una idea que ya había adelantado al calificar este primer encuentro como «una prefiguración de nuestro camino futuro».
Este enfoque explica también por qué el Pontífice parece prescindir del llamado C-9, el consejo de nueve cardenales creado por Francisco y cuya eficacia fue frecuentemente cuestionada. Frente a una estructura más técnica y reducida, León XIV ha querido poner el acento en el conjunto del Colegio Cardenalicio. «Nuestro colegio —recordó— no está llamado, en primer lugar, a ser un equipo de expertos, sino una comunidad de fe». Una afirmación que resume bien el espíritu de este consistorio y anticipa el rumbo que el Papa desea imprimir a su pontificado.