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Detalle de El Juicio final de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina

El Vaticano inicia la limpieza del Juicio Final de Miguel Ángel sin cerrar la Capilla Sixtina

Décadas después de su última gran restauración, los Museos Vaticanos intervendrán durante los próximos tres meses en el fresco para eliminar los depósitos de polvo y recuperar su esplendor cromático original

El Vaticano ha puesto en marcha una operación de mantenimiento extraordinario en una de las cumbres del arte universal: el Juicio Final de Miguel Ángel. Desde este 2 de febrero, los restauradores han comenzado el montaje de los andamios en la Capilla Sixtina para llevar a cabo una limpieza profunda que se prolongará durante aproximadamente tres meses.

Una intervención necesaria tras 30 años

Esta decisión llega cuando se cumplen cerca de treinta años de la histórica restauración completada en 1994, que fue supervisada por Carlo Pietrangeli y ejecutada por Gianluigi Colalucci.

Según ha explicado Barbara Jatta, directora de los Museos Vaticanos, esta nueva fase busca dar continuidad a aquel trabajo que marcó un punto de inflexión en la comprensión de la paleta de Miguel Ángel.

El motivo principal de esta intervención es la aparición de una «veladura blanquecina» difundida por toda la superficie. Este efecto es el resultado de la deposición de micropartículas transportadas por las corrientes de aire, lo que con el tiempo ha atenuado los contrastes de claroscuro y ha uniformado las tonalidades originales del fresco.

Logística para no interrumpir al visitante

A pesar de la magnitud de la obra, la Capilla Sixtina permanecerá abierta en todo momento para los fieles y turistas. Los trabajos se desarrollan detrás de una pantalla de alta definición que reproduce la pintura en detalle, preservando la experiencia visual completa. El proyecto busca recuperar la luminosidad original concebida por el artista, devolviendo a la obra su complejidad formal y expresiva.

Encargado inicialmente por Clemente VII en 1533, el fresco no comenzó a ejecutarse hasta el papado de Pablo III, quien nombró a Miguel Ángel arquitecto, escultor y pintor supremo del Palacio Apostólico. El artista trabajó en la inmensa escena —de unos 180 metros cuadrados y 391 figuras— entre el verano de 1536 y el otoño de 1541.

Como recordó en su día Giorgio Vasari, la obra «llenó de estupor y maravilla» a toda la ciudad cuando fue presentada en los vísperas solemnes del 31 de octubre de 1541. Ahora, gracias al apoyo del Capítulo de Florida de los 'Mecenas de las artes en los Museos Vaticanos (PAVM)–quienes tienen como objetivo preservar y promover la extraordinaria colección de arte de los Museos Vaticanos–el Vaticano busca renovar ese mismo asombro para las generaciones actuales.