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La noche del 2 de abril de 2005, miles de fieles se reunieron frente al Palacio Apostólico donde fallecía Juan Pablo II

¿Volverán a encenderse las luces del Palacio Apostólico con León XIV?

Tras más de una década de vacío, el apartamento pontificio recupera su función principal. Sin embargo, la mudanza del nuevo Papa rompe con una tradición visual de décadas: su dormitorio se traslada a la cuarta planta, lejos de la mirada directa de los fieles en la Plaza de San Pedro

El Palacio Apostólico dejará de ser próximamente un espacio dedicado exclusivamente a la burocracia y el protocolo. Tras trece años de estancia ininterrumpida de Francisco en la residencia de Santa Marta —quien declinó mudarse al apartamento oficial por razones «psiquiátricas», como él mismo explicó, aludiendo a que no se sentía cómodo con el aislamiento del apartamento papal—, León XIV ha decidido retornar a la sede histórica de sus predecesores.

La mudanza, que se ha ido posponiendo en estos meses, ha requerido una intervención técnica de calado. El apartamento, abandonado durante todo el pontificado anterior, presentaba problemas estructurales derivados del desuso, como goteras, humedades y un sistema eléctrico que no se renovaba desde el inicio del pontificado de Benedicto XVI en 2005. Las grúas que han rodeado el edificio recientemente atestiguan la urgencia de unos trabajos que ya han finalizado.

Un cambio de planta y de concepto

Sin embargo, el regreso no supone una vuelta 'exacta' al pasado. León XIV, que hasta ahora ha preferido mantener su residencia en el Palacio del Santo Oficio donde vivió como prefecto del dicasterio para los Obispos, ha optado por una distribución del espacio que prioriza la funcionalidad y la seguridad.

Matteo Bruni, director de la Oficina de Prensa del Vaticano, confirmó que el Santo Padre «utilizará los espacios a disposición de los Papas en el palacio pontificio, y que ya ha comenzado a trabajar durante el día desde el estudio desde donde se asoma todos los domingos para el Ángelus ante los fieles reunidos en la plaza de San Pedro».

Es decir, mientras que el tercer piso —donde fallecieron Juan Pablo II y Juan XXIII— se reservará para las audiencias privadas y mantendrá la biblioteca para recibir a los jefes de Estado, el estudio privado y la capilla principal, la vida del Pontífice se desarrollará en el cuarto piso. En esta planta superior, situada entre la tercera logia y la terraza de la Gruta de Lourdes, el mobiliario será más moderno y funcional.

Mente sana y seguridad

La nueva disposición, que también contará con una pequeña capilla, incluirá un detalle que define el perfil del nuevo Papa: la instalación de un gimnasio. Su propio hermano ha explicado que León XIV es un hombre deportista —aficionado a la natación, la hípica y las largas caminatas— y dado que ya no podrá acudir al gimnasio cercano al Vaticano donde Prevost solía entrenar, esta instalación será una forma de seguir manteniéndose en forma.

Este traslado al cuarto piso no solo implica que no ocupará la antigua habitación de sus predecesores, sino que además representa una ruptura. Las ventanas de su nuevo dormitorio no darán a la Plaza de San Pedro. Esta decisión responde a criterios de seguridad, pues ya no se considera conveniente que la estancia privada del Papa sea visible directamente desde el exterior.

Con este cambio, se apaga un mito: ya no se podrá identificar la presencia del Pontífice por la luz encendida en la famosa ventana de la derecha de la tercera planta, aquella que mantuvo en vilo al mundo el 2 de abril de 2005. Allí se concentraron millones de miradas mientras la vida de Juan Pablo II se apagaba tras el cristal.

La ventana situada junto a la habitación, desde la que los Pontífices saludan a los fieles cada domingo desde los tiempos de Juan XXIII, pertenece al despacho de trabajo del Papa. Desde entonces, ese espacio cobra vida cada domingo cuando se abren los postigos para el Ángelus ante la plaza. Desde ese mismo lugar, Benedicto XVI pidió oraciones el 17 de febrero de 2013 por el final de su ministerio petrino y por el próximo sucesor de Pedro. Con León XIV, la tradición cambia de planta, pero la memoria de esas ventanas sigue presente en Roma.