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Via Crucis en el Coliseo de Roma en una foto de archivoEuropa Press

Guerra, abusos y olvidados: los temas del Vía Crucis del Coliseo que preside por primera vez León XIV, en directo

Bajo la luz del Anfiteatro Flavio, el Papa recorrerá con la cruz las 14 estaciones del Vía Crucis, acompañado por las meditaciones de Francesco Patton, que denuncian el cinismo político, la explotación mediática y la falta de respeto a la dignidad humana en pleno siglo XXI

El Papa León XIV preside esta noche el tradicional Vía Crucis en el Coliseo, una de las celebraciones más seguidas de la Semana Santa romana que este año marca un punto de inflexión tras tres años de ausencias pontificias por los problemas de salud de Francisco.

En este 2026, el rito recupera la presencia del Sucesor de Pedro con un cambio histórico: por primera vez, el Papa cargará personalmente con la cruz durante las 14 estaciones del recorrido. Un gesto que dota de un simbolismo inédito a una ceremonia que se celebra en el Anfiteatro Flavio– como también se conoce a esta histórica estructura–desde 1750, escenario que recuerda el martirio de los primeros cristianos.

Las meditaciones de esta edición han sido redactadas por el franciscano Francesco Patton, quien hasta el año pasado desempeñó el cargo de custodio de los Santos Lugares en Tierra Santa. La elección de Patton no es casual; el fraile ha sido durante años la voz de los cristianos perseguidos y de la población empobrecida en Oriente Medio.

El poder como responsabilidad

El hilo conductor de las meditaciones es el octavo centenario de la muerte de san Francisco de Asís, cuyas enseñanzas sirven de referencia para interpretar la realidad actual desde la fe. A partir de este marco, los textos conectan el relato evangélico con cuestiones concretas del presente, invitando a una vivencia más comprometida con quienes más lo necesitan.

En esta línea, las reflexiones ponen el foco en la responsabilidad de los gobernantes y líderes en la gestión de conflictos y de la economía. Se subraya que el poder no es un fin en sí mismo, sino una responsabilidad que exige actuar con criterios de justicia y atención a los más vulnerables. Además, las reflexiones insisten en que toda autoridad debe estar guiada por la compasión y el respeto a la dignidad humana.

Este planteamiento se traslada al terreno cotidiano a través de la figura de Simón de Cirene, que se presenta como modelo de ayuda concreta. Las meditaciones lo relacionan con los 'Cireneos' de hoy, que prestan apoyo en contextos difíciles, desde voluntarios hasta trabajadores humanitarios, enfatizando el valor de acompañar al que sufre sin buscar reconocimiento.

El respeto a la persona en la era de la sobreexposición

El recorrido amplía esa mirada hacia distintas formas de vulneración de derechos en la actualidad. Se mencionan situaciones como el maltrato en regímenes autoritarios o la exposición mediática que afecta a la privacidad, junto con la necesidad de preservar la dignidad incluso después de la muerte. En este sentido, se recuerda la obligación de garantizar una sepultura digna para todos.

En esta misma línea, las meditaciones abordan el episodio del despojo de las vestiduras como una forma de humillación que encuentra paralelismos en el presente. El texto señala prácticas como los abusos y la cosificación de las víctimas, y extiende la reflexión a ámbitos como la industria del espectáculo o determinados enfoques informativos que exponen la intimidad de las personas.

La reflexión no se limita a señalar responsabilidades externas, sino que interpela también a la conciencia individual. Advierte de que la curiosidad que invade la privacidad ajena contribuye a normalizar estas prácticas y termina por afectar a la propia dignidad, insistiendo en la necesidad de recuperar el respeto como criterio básico en la vida social.

La celebración se orienta hacia la esperanza en su tramo final, con una bendición inspirada en san Francisco, una oración atribuida al santo que resume el sentido espiritual del acto: una llamada a orientar la vida hacia la voluntad de Dios y a seguir las huellas de Cristo desde una transformación interior.

Bendición final

Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, danos a nosotros, miserables, hacer por ti mismo lo que sabemos que tú quieres, y siempre querer lo que te place, para que, interiormente purificados, interiormente iluminados y abrasados por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y por sola tu gracia llegar a ti, Altísimo, que, en Trinidad perfecta y en simple Unidad, vives y reinas y eres glorificado, Dios omnipotente, por todos los siglos de los siglos. Amén.

Concluyamos con la antigua bendición bíblica (cf. Nm 6,24-26), con la que san Francisco solía bendecir a los frailes y a toda la gente, hasta el punto de convertirse en «su» bendición (cf. Bendición a Fr. León: FF 262).

El Señor esté con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.

El Señor os bendiga y os guarde.
℟. Amén.

Os muestre su faz y tenga misericordia de vosotros.
℟. Amén.

Vuelva su rostro hacia vosotros y os conceda la paz.
℟. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, ✠ Hijo ✠ y Espíritu ✠ Santo, descienda sobre vosotros y permanezca para siempre.
℟. Amén.
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