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La 'arzobispa' Mullally en la audiencia privada con León XIV

La 'arzobispa' Mullally en la audiencia privada con León XIVVatican News

El «camino incierto» de Mullally: lo que la líder anglicana admitió ante el Papa sobre el futuro de su Iglesia

La 'arzobispa' ha entregado al Pontífice un frasco de miel de los jardines de Lambeth Palace, además de asegurarle que si honra al Reino Unido con su visita, la Iglesia de Inglaterra «le dispensará una cálida bienvenida»

En la mañana de este lunes, 27 de abril, el Papa León XIV ha recibido en audiencia privada en el Palacio Apostólico a la 'arzobispa' de Canterbury, Sarah Mullally. El encuentro, que forma parte de la primera peregrinación oficial de la primada a Roma tras su toma de posesión en marzo, ha tenido como objetivo oficial «fortalecer las relaciones anglicano-católicas» y profundizar en el diálogo teológico mutuo.

Tras la reunión privada, ambos líderes religiosos se trasladaron a la Capilla de Urbano VIII, donde participaron en un servicio de oración de mediodía. Durante el acto, el Papa presidió el Oficio y ambos rezaron juntos la oración de la gracia, simbolizando la voluntad de caminar hacia la unidad.

Unidad, en construcción permanente

Como es tradición, el encuentro incluyó un intercambio de regalos. Sarah Mullally entregó al Pontífice una edición antigua de 1910 de El sueño de Geroncio, del cardenal John Henry Newman. Una elección en cierto modo paradójica, dado que Newman fue recientemente declarado Doctor de la Iglesia y fue un destacado presbítero anglicano antes de su conversión al catolicismo.

Además, la arzobispo obsequió al Papa con un retablo peruano del Nacimiento, en deferencia a los años que el Santo Padre pasó en Perú, y un frasco de miel de Lambeth Palace. Este último, cosechado en los jardines de su residencia oficial, fue definido como un «obsequio sencillo y hospitalario, arraigado en la vida cotidiana».

El Papa intercambia regalos con Mullally

El Papa intercambia regalos con Mullally

La arzobispo Mullally defendió la necesidad de predicar el Evangelio con una claridad renovada frente a la violencia y las divisiones que marcan el mundo actual. En su alocución, abogó por una labor conjunta en favor del bien común, insistiendo en la importancia de construir siempre «puentes y nunca muros» entre los fieles.

Inspirada por su anterior labor como enfermera, Mullally expresó su voluntad de ejercer un ministerio de acompañamiento en el sufrimiento y de fomento de la hospitalidad. Asimismo, invitó a profundizar en el diálogo ecuménico para reconocer los dones ajenos, tales como la constancia en el servicio y la profundidad de la oración.

Durante su intervención en el Palacio Apostólico, la 'arzobispa' afirmó que son sostenidos por una esperanza en Cristo que los llama a seguir adelante «incluso cuando el camino no está todavía plenamente claro». Aludió a que la Iglesia debe predicar en un mundo marcado por un «cambio societal rápido», «divisiones profundas» y una «violencia inhumana». Lejos de una certeza sobre los pasos venideros, la primada anglicana reconoció que la búsqueda de la unidad es una peregrinación marcada por la incertidumbre, aunque subrayó que su Iglesia se mantiene sostenida por una «esperanza cimentada en Cristo».

Desafíos para el diálogo ecuménico

A pesar del clima de cordialidad, la visita no ha estado exenta de elementos que subrayan la complejidad del camino ecuménico. En las horas previas, se difundieron imágenes de Mullally impartiendo una bendición en la Capilla Clementina, junto a la tumba de san Pedro, un gesto que ha generado debate y comentarios en redes sociales sobre la claridad doctrinal y la validación de tales actos.

Asimismo, el encuentro se celebra mientras la Comunión Anglicana enfrenta una profunda fractura interna. Sectores conservadores del llamado «Sur Global», agrupados en el movimiento Gafcon, han manifestado su rechazo al liderazgo de Mullally, acusando a la sede de Canterbury de una «deriva doctrinal» debido a sus posturas. Este grupo ha llegado a declarar que ya no reconocen la autoridad espiritual de Canterbury, calificando la situación de «punto de no retorno».

Durante su discurso, Mullally también destacó la presencia del arzobispo católico Richard Moth como un signo del compromiso compartido en su país, definiendo la búsqueda de la unidad como una «peregrinación que recorremos juntos». Asimismo, defendió una «hospitalidad profunda» que trascienda la mera acogida para convertirse en un ministerio donde cada parte haga espacio a la otra, reconociendo la imagen de Dios en el hermano.

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