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León XIV habla con los periodistas a bordo del vuelo papal de Malabo a Roma

León XIV habla con los periodistas a bordo del vuelo papal de Malabo a RomaAFP

El Papa reconoce el derecho de los Estados a «establecer normas en sus fronteras» para garantizar el orden

Insta a las naciones desarrolladas y a las grandes empresas a fomentar inversiones reales que permitan a los jóvenes «no tener la necesidad de emigrar» por falta de futuro

En el vuelo que le traía de vuelta a la Ciudad Eterna, León XIV quiso despojarse de cualquier lectura puramente política de su misión. «Hoy, como Papa y Obispo de Roma, se trata sobre todo de un viaje apostólico y pastoral», afirmó con determinación, subrayando que su primera palabra es siempre el anuncio del Evangelio y no el juicio a los gobiernos.

Sin embargo, tras esa capa de pastor, el Santo Padre desveló la intensa actividad que la Santa Sede realiza «entre bastidores», manteniendo relaciones diplomáticas —a veces con «grandes sacrificios»— incluso con líderes autoritarios para poder mediar en la liberación de presos políticos o paliar situaciones de hambre y enfermedad.

Esta visión de servicio a la dignidad humana se traslada de igual modo a su análisis sobre la inmigración, un desafío que el Pontífice define como un «fenómeno mundial» que afecta por igual a Europa y a Estados Unidos. León XIV ha reconocido explícitamente que «un Estado tiene derecho a establecer normas en sus fronteras», subrayando que la entrada de personas debe realizarse de forma ordenada para no generar situaciones de mayor injusticia.

No obstante, el Papa sitúa el núcleo del problema en la falta de oportunidades en los países de origen, instando a las naciones desarrolladas y a las grandes empresas a fomentar inversiones reales que permitan a los jóvenes «no tener la necesidad de emigrar» por falta de futuro. Por encima de cualquier regulación soberana, el Santo Padre ha recordado que el respeto a la dignidad del migrante es innegociable, advirtiendo que, una vez que llegan, estas personas deben ser tratadas como seres humanos y «no tratarlas muchas veces peor que a los animales».

Las víctimas olvidadas del caos diplomático

León XIV reflexionó sobre la situación en Oriente Próximo, alejándose de los análisis estratégicos para centrarse en el dolor de las víctimas. Reveló haber recibido cartas de familias de niños que murieron en el primer día de los ataques en Irán y recordó con amargura la historia de un niño musulmán en el Líbano que le recibió con un cartel de bienvenida en su primer viaje apostólico y que ha sido asesinado en esta última escalada bélica.

Lejos de señalar a un solo culpable, ha calificado las negociaciones entre Teherán y Washington como un «caos» en el que alternativamente «un día Irán dice que sí y Estados Unidos dice que no, y viceversa». Esta falta de entendimiento está teniendo, según explicó el Papa, repercusiones críticas no solo en la economía mundial, sino en la vida de miles de ciudadanos inocentes que sufren las consecuencias de una guerra estancada.

«Como pastor no puedo estar a favor de la guerra», ha reafirmado con contundencia, recordando que la respuesta inmediata de los líderes suele ser el ataque violento en lugar de la «cultura de la paz». Para el Papa, el debate sobre un posible «cambio de régimen» es secundario frente al imperativo moral de detener la muerte de inocentes y respetar el derecho internacional. Asimismo, ha reiterado su condena absoluta a la pena de muerte, instando a respetar la vida «desde la concepción hasta la muerte natural».

Más allá de la moral sexual

Cuando fue preguntado sobre la decisión del cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y Freising, de conceder permiso para bendecir a las parejas del mismo sexo en su diócesis, el Pontífice lamentó que se pretenda reducir la moral cristiana únicamente a lo sexual.

Para León XIV, existen cuestiones «mucho más amplias e importantes» que deberían tener prioridad en la agenda eclesial, citando específicamente la justicia, la igualdad y la libertad religiosa. Subrayó que llegar a la unidad no pasa por nuevas normativas, sino por «construir sobre Jesucristo y lo que Él enseña».

Finalmente, y aunque aclaró que no hay fechas confirmadas, el Santo Padre dejó abierta la puerta a sus próximos destinos, reconociendo su ilusión por visitar varios países de Hispanoamérica. Mientras la diplomacia vaticana sigue trabajando lejos de los focos en promover un cambio de mentalidad en los jefes de Estado para que piensen en el bien común de sus pueblos.

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