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El cardenal italiano Domenico Battaglia intenta alcanzar una camiseta del Nápoles que ha caído sobre el papamóvil mientras el papa León XIV saluda a la multitud

El cardenal italiano Domenico Battaglia intenta alcanzar una camiseta del Nápoles que ha caído sobre el papamóvil mientras León saluda a la multitudAFP

León XIV pide al Estado «seguridad y confianza» para restar espacio en Nápoles a la «delincuencia organizada»

En el cierre de su visita al sur, el Pontífice denuncia la «geografía de la desigualdad» y pide a las administraciones que protejan a los hijos de la ciudad de las «insidias del mal»

Tras la intensidad de Pompeya y el encuentro con el clero en el Duomo, el Papa León XIV ha culminado su viaje apostólico en la Piazza del Plebiscito, el centro neurálgico de una Nápoles que el propio Pontífice define como una «perla del Mediterráneo». Sin embargo, lejos de quedarse en la superficie de la cartolina turística, el Papa ha interpelado a las conciencias: «¿Qué es lo que realmente cuenta?».

Desde la escalinata de la Basílica de San Francesco di Paola, León XIV ha señalado una «paradoja dramática». Mientras la ciudad experimenta un notable crecimiento turístico, este no se traduce en un dinamismo económico capaz de alcanzar a toda la comunidad, lo que genera una «geografía de la desigualdad» donde las periferias existenciales ya no están solo en los bordes, sino en el mismo corazón del centro histórico.

El protagonismo de los jóvenes

El mensaje del Papa ha sido especialmente incisivo al abordar los problemas estructurales de Nápoles: la disparidad de ingresos, la falta de empleo y el drama de la dispersión escolar. Por ello ha hecho un llamamiento a las instituciones, afirmando que la acción del Estado es «más necesaria que nunca» para garantizar «seguridad y confianza a los ciudadanos» y «quitar espacio a la delincuencia organizada».

Frente a la tentación de la resignación, el Pontífice ha puesto como ejemplo el «Pacto Educativo» que une a la Iglesia, el Tercer Sector y las administraciones para proteger a los hijos de la ciudad de las «insidias del mal». «No se pierda el color de este sueño», ha pedido, instando a que Nápoles recupere su vocación de ser «capital de humanidad».

Para el Papa, la paz no es un concepto abstracto, sino una construcción diaria que nace de la justicia y que, para ser auténtica, debe ir unida a la caridad. Como signos visibles de esta «paz verificable», ha citado proyectos como la Casa della Pace y la Casa Bartimeo, lugares de acogida para familias y jóvenes en situación de fragilidad.

Un pizzero muestra una pizza que preparó para León XIV

Un pizzero muestra una pizza que preparó para León XIVAFP

Pero el Papa también ha elogiado que Nápoles se haya convertido en una plataforma de diálogo intercultural que acoge incluso a jóvenes procedentes de contextos de conflicto, como Gaza. En esta misma línea, ha destacado el papel del Puerto de Nápoles, transformado por Cáritas de un simple punto de llegada a un «signo vivo de acogida e integración» para migrantes y refugiados.

Antes de partir en helicóptero hacia el Vaticano, León XIV ha querido dejar el futuro de la ciudad en manos de los jóvenes, a quienes no considera meros destinatarios, sino «protagonistas del cambio». «Estoy seguro de que no dejaréis de cultivarlos con audacia, con la pasión y el entusiasmo que os caracterizan. Os doy las gracias, queridos amigos, por vuestra acogida, y os encomiendo a todos a la intercesión de la Santísima Virgen María y de San Genaro. ¡Que el Señor os mantenga siempre fieles al Evangelio y bendiga a la ciudad de Nápoles!», concluyó el Pontífice, cerrando así su primer aniversario como Sucesor de Pedro.

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