León XIV oficia la Santa Misa con motivo de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo
León XIV, a la Fraternidad San Pío X: «Os lo pido de todo corazón: ¡dad marcha atrás!»
El Santo Padre dirige una carta personal a Davide Pagliarani, el superior de la Fraternidad, en la que advierte del «pecado de extrema gravedad» que supondría un acto cismático y apela a la unidad de la Iglesia
honda preocupación y «ánimo paterno» es lo que caracteriza la carta que el Papa León XIV ha dirigido directamente al Superior General de la Fraternidad Sacerdotale San Pío X (FSSPX), don Davide Pagliarani. La misiva, publicada hoy pero fechada el 29 de junio coincidiendo con la festividad de los apóstoles Pedro y Pablo, constituye un encarecido llamamiento a la unidad y una solemne advertencia ante la inminencia de lo que el Pontífice califica como un posible «acto cismático».
Desde el inicio del documento, el Sucesor de Pedro reconoce los valores que han definido a la Fraternidad, mencionando su «apego a la vida litúrgica», su celo apostólico y su «deseo de fidelidad a la Tradición». Unas cualidades que, según recuerda el Papa, motivaron la benevolencia y atención de sus predecesores en el solio pontificio. Sin embargo, el tono de la carta vira hacia la urgencia ante la deriva actual de la fraternidad ante las inminentes ordenaciones sin mandato pontificio que tendrán lugar mañana en Suiza.
El riesgo de la ruptura
«Os lo ruego y os lo pido de todo corazón: ¡volved sobre vuestros pasos!», exhorta León XIV con palabras cargadas de afecto, pidiendo a la Fraternidad que considere el bien espiritual de sus propios fieles. El Santo Padre advierte con severidad que la consumación de una ruptura formal con Roma —lo que define como «desgarrar la túnica sin costuras de Cristo»— supondría un pecado de «extrema gravedad».
La principal preocupación de Su Santidad radica en la situación en la que quedarían los fieles vinculados a la Fraternidad. El Papa subraya que un acto cismático les privaría de la recepción «lícita y, en algunos casos, incluso válida de los sacramentos que ellos aman y buscan para su propia santificación».
Una puerta abierta al diálogo
A pesar de la gravedad del diagnóstico, la misiva no cierra las puertas. El Pontífice asegura que la Iglesia sigue disponible para un «camino de diálogo y de entendimiento» que, bajo la guía del Espíritu Santo, pueda dar frutos de reconciliación.
Con un ánimo que describe como «dolorido, pero todavía lleno de esperanza», León XIV apela a la autoridad recibida de Cristo para pedir el cese de cualquier intento de ruptura, confiando estas intenciones al Corazón Inmaculado de María. La carta ha concluido con una invocación a la luz del Señor para que« ilumine las conciencias y despierte los corazones» de los miembros de la Fraternidad en este momento crítico para la unidad de la Iglesia.