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El Papa reúne a los nuevos obispos en el Aula del Sínodo para guiar los primeros pasos de su ministerioVatican Media

Más estar y menos hacer: León XIV alerta a los obispos recién nombrados de la 'hiperactividad' sin oración

«Para hablar de Él, necesitamos estar con Él; para guiar a su pueblo, debemos dejarnos guiar cada día por Él», afirmó citando el Evangelio de San Marcos

El Papa León XIV ha clausurado en el Vaticano el curso de formación dirigido a los prelados recientemente nombrados de todo el mundo. Ante la asamblea reunida en el Aula del Sínodo bajo el lema «Obispos, servidores de la comunión en la Iglesia y en el mundo de hoy», el Pontífice ha trazado una pauta clara para el ejercicio del ministerio episcopal: la primacía de la oración, el afecto cercano a los fieles y la custodia de lo humano en la era digital.

«Permanecer con Jesús» antes de actuar

Tras agradecer el trabajo organizativo a los dicasterios vaticanos implicados, León XIV recordó a los nuevos pastores que la misión episcopal no es un empeño solitario. «Ningún obispo camina solo», enfatizó al destacar el clima de fraternidad vivido durante las jornadas de estudio y oración.

En su alocución, el Papa situó la relación personal con Cristo como el cimiento insustituible de todo prelado. «En primer lugar, –afirmó– permanecer junto a Jesús. De entre las muchas cosas que se os pedirá que hagáis como obispos, esta es la más importante». «Somos obispos, pero somos ante todo discípulos», subrayó, advirtiendo que la labor pastoral nace del trato diario con el Señor. «Para hablar de Él, necesitamos estar con Él; para guiar a su pueblo, debemos dejarnos guiar cada día por Él», afirmó citando el Evangelio de San Marcos.

Inspirándose en la figura del Buen Pastor, el Pontífice urgió a los prelados a ejercer una cercanía real que ponga rostro a las necesidades de su gente. «Amad a la gente que el Señor os ha confiado. Aprended sus nombres, escuchad sus historias, entrad, cuando podáis, en sus casas y rezad con ellos», les exhortó, recordando que gestos sencillos como una visita o una bendición pueden marcar la vida de un creyente para siempre.

El Santo Padre hizo un hincapié especial en la relación con el clero diocesano, pidiendo a cada obispo ser «un padre y un hermano» para sus presbíteros, con una atención prioritaria hacia los enfermos y ancianos. «A veces basta una llamada telefónica, una visita, una palabra afectuosa», señaló. Invocando la definición de san Agustín, calificó el ministerio episcopal como un amoris officium (un servicio de amor) y llamó a mantener un corazón misionero abierto al diálogo con creyentes de otras confesiones, personas de distintas religiones y no creyentes.

El desafío de la IA y la encíclica Magnifica humanitas

Uno de los pasajes más relevantes del discurso abordó el impacto de la tecnología moderna y la inteligencia artificial. Si bien reconoció las amplias posibilidades que abren estas herramientas, León XIV advirtió con firmeza que los avances técnicos «no pueden liberar a la humanidad del pecado y de sus consecuencias».

Para responder a este desafío, el Papa remitió a los obispos a su Encíclica Magnifica humanitas, concebida para ofrecer «una visión y un método para abordar la gran propuesta de la custodia de lo humano en la época de la inteligencia artificial». En este sentido, animó a promover en cada diócesis espacios de reflexión que preparen a los fieles para construir la «civilización del amor».

León XIV concluyó su intervención recordando de nuevo a san Agustín («Para vosotros soy obispo, con vosotros soy cristiano») y asegurando a los nuevos pastores que el Señor, que los ha llamado, los acompañará día a día con la luz del Espíritu Santo.