Un joven en el gimnasio

Un joven en el gimnasioPexels

Un estudio desmonta el mito de la adicción al ejercicio: entrenar mucho no significa ser adicto

La pasión, la constancia y las cargas elevadas de entrenamiento, especialmente en deportistas, suelen formar parte de un estilo de vida saludable

Un equipo internacional de investigadores ha concluido que entrenar con frecuencia o dedicar muchas horas al gimnasio no implica, por sí solo, sufrir una adicción al ejercicio. Aunque este trastorno existe, los expertos advierten de que afecta de forma significativa únicamente a una pequeña parte de la población y alertan del uso excesivo de esta etiqueta.

En un momento en el que la cultura del fitness gana cada vez más adeptos y muchas personas presumen de no descansar ningún día, los investigadores cuestionan algunas creencias extendidas sobre la denominada «adicción al ejercicio». Su trabajo sostiene que el problema es real, pero que a menudo se interpreta de forma errónea y se sobredimensiona.

La investigación, publicada en la revista Journal of Behavioral Addictions, explica que la verdadera adicción al ejercicio se caracteriza por la pérdida de control. Quienes la padecen continúan entrenando incluso con lesiones o enfermedades y anteponen el ejercicio al trabajo, la familia o la vida social, lo que puede provocar daños físicos, malestar emocional y conflictos personales.

El profesor Zsolt Demetrovics, especialista en conductas adictivas de la Universidad de Flinders (Australia), advierte de que las cifras que apuntan a que hasta un 42 % de algunas poblaciones deportistas podrían considerarse adictas son engañosas. Según explica, muchas de esas estimaciones se basan en herramientas de detección que solo indican un posible riesgo y no permiten establecer un diagnóstico.

En la misma línea, el profesor Attila Szabo, psicólogo de la Universidad Széchenyi István (Hungría) y coautor del estudio, señala que estos cuestionarios pueden confundir el compromiso con el deporte con un comportamiento patológico. «Una persona muy disciplinada o un atleta de alto rendimiento pueden ser clasificados erróneamente como adictos cuando, en realidad, mantienen una relación saludable con el ejercicio», apunta.

Los investigadores subrayan que la pasión, la constancia y las cargas elevadas de entrenamiento, especialmente en deportistas, suelen formar parte de un estilo de vida saludable. La diferencia fundamental, explican, está en si la actividad física responde a una decisión libre o a una necesidad compulsiva.

Además, recuerdan que detrás del ejercicio excesivo suelen existir factores más complejos, como la presión por la imagen corporal, la búsqueda del rendimiento o problemas de salud mental, entre ellos la ansiedad, la depresión o los trastornos de la conducta alimentaria.

Otro de los aspectos destacados por el estudio es que la adicción al ejercicio aún no está reconocida oficialmente como un trastorno médico. Actualmente existen más de una treintena de instrumentos distintos para evaluarla y no hay un criterio unificado, lo que dificulta identificar los casos con precisión y favorece que se sobrediagnostiquen comportamientos normales.

Los autores, entre ellos la doctora Bhavya Chhabra y el profesor Szabo, señalan que existen algunas señales de alarma claras. Entrenar pese al dolor o las lesiones, sentir ansiedad o culpa por saltarse una sesión o colocar sistemáticamente el ejercicio por encima del descanso, las relaciones personales o las responsabilidades cotidianas son indicios de que la práctica deportiva puede haber dejado de ser una actividad saludable para convertirse en una conducta compulsiva.

Frente a ello, los investigadores insisten en que el objetivo no es reducir la actividad física, sino practicarla de manera equilibrada. Recomiendan incorporar días de descanso y recuperación, priorizar el bienestar por encima de la apariencia física o el rendimiento y buscar ayuda profesional cuando el ejercicio deje de ser una elección y se convierta en una obligación.

El trabajo, realizado por científicos de Australia, Hungría y Reino Unido, reclama además una mayor formación para profesionales sanitarios, entrenadores y población general, así como más estudios clínicos y de largo plazo que permitan delimitar con mayor precisión cuándo el ejercicio deja de ser beneficioso y pasa a convertirse en un problema de salud. Según concluye Demetrovics, en una sociedad que premia el esfuerzo constante conviene recordar que hacer más no siempre significa hacerlo mejor y que cuidar la salud también implica saber cuándo es necesario parar.

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