Cerrar los ojos para escuchar mejor no siempre es efectivo
Cerrar los ojos para oír mejor: qué hay de cierto en esta creencia
En entornos ruidosos escuchar con los ojos cerrados puede ser perjudicial
¿Quién no ha cerrado los ojos para intentar concentrarse en un sonido débil? Existe la creencia de que hacerlo mejora la audición, ya que permite al cerebro liberar recursos de procesamiento y aumentar su sensibilidad auditiva. Sin embargo, esta práctica puede resultar contraproducente, especialmente en entornos con mucho ruido de fondo.
Un estudio, publicado en la revista JASA por investigadores de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, analizó si cerrar los ojos realmente ayuda a oír mejor en condiciones ruidosas.
Para ello, los participantes escucharon distintos sonidos a través de auriculares mientras se reproducía ruido ambiental. Su tarea consistía en ajustar el volumen hasta el punto en el que apenas podían distinguir los sonidos por encima del ruido de fondo.
El experimento se llevó a cabo en varias condiciones: primero con los ojos cerrados; después con los ojos abiertos mirando una pantalla en blanco; luego observando una imagen relacionada con el sonido; y, por último, viendo un vídeo que coincidía con dicho sonido.
Resultados inesperados
Los resultados mostraron algo inesperado. Según el investigador Yu Huang, cerrar los ojos no mejora la percepción auditiva, sino que la empeora en entornos ruidosos. En cambio, observar un vídeo relacionado con el sonido aumenta de forma notable la sensibilidad auditiva.
En ambientes tranquilos, cerrar los ojos probablemente sí facilite la detección de sonidos suaves
Para entender este fenómeno, los científicos registraron la actividad cerebral de los participantes mediante electroencefalografía (EEG). Descubrieron que cerrar los ojos induce un estado de «criticidad neuronal», que intensifica el filtrado de estímulos. Esto hace que el cerebro elimine no solo el ruido de fondo, sino también los sonidos débiles que se intentan percibir.
Así explica la ciencia esta teoría
En palabras de Huang, en ambientes ruidosos el cerebro necesita diferenciar activamente entre señal y ruido. Sin embargo, la concentración interna que se produce al cerrar los ojos genera un filtrado excesivo, dificultando esa tarea. Por el contrario, la información visual ayuda a mantener el sistema auditivo conectado con el entorno.
Los investigadores señalan que este efecto depende del contexto. En ambientes tranquilos, cerrar los ojos probablemente sí facilite la detección de sonidos suaves. No obstante, dado que la mayoría de las situaciones cotidianas implican cierto nivel de ruido, puede resultar más útil mantener los ojos abiertos.
Como siguiente paso, el equipo planea estudiar cómo interactúan la visión y la audición cuando la información no coincide. Por ejemplo, quieren analizar qué ocurre si una persona escucha un tambor mientras observa un pájaro. Con ello esperan determinar si el beneficio proviene simplemente de procesar estímulos visuales o de la coherencia entre lo que se ve y lo que se oye.