Dormir con aire acondicionado
Ola de calor
Por qué no deberías dormir con el aire acondicionado toda la noche
Los expertos recomiendan evitar que el flujo de aire frío incida directamente sobre el cuerpo y mantener una temperatura adecuada durante la noche
Con gran parte de España en aviso por altas temperaturas y la previsión de noches tropicales —con temperaturas mínimas superiores a los 20 ºC— e incluso tórridas, por encima de los 25 ºC, muchas personas recurrirán al aire acondicionado para poder conciliar el sueño. Sin embargo, aunque ayuda a combatir el calor, un uso inadecuado puede afectar a la calidad del descanso y favorecer algunas molestias.
Una investigación realizada por un equipo de la Universidad Tecnológica de Toyohashi (Japón) observó que el flujo de aire procedente del aire acondicionado puede estimular el organismo durante el sueño e influir en su calidad. Los autores concluyeron que, aunque el ambiente más fresco aumenta la sensación de confort, el chorro de aire frío no debería dirigirse directamente hacia la persona que duerme.
Además de su posible impacto sobre el descanso, los especialistas recuerdan que el aire acondicionado reduce la humedad ambiental, lo que puede favorecer la sequedad de las mucosas y de la piel.
El enfermero Jorge Ángel explica que «el aire acondicionado baja mucho la humedad del ambiente y esto hace que las vías respiratorias y la piel se resequen», una situación que puede intensificar las molestias en personas con patologías respiratorias como el asma, la bronquitis o determinadas alergias, además de aumentar la sensación de irritación cutánea.
El experto añade que permanecer durante toda la noche expuesto al aire frío también puede favorecer la aparición de molestias musculares en algunas personas, especialmente si el flujo de aire incide directamente sobre una zona concreta del cuerpo.
Para minimizar estos efectos, los especialistas recomiendan priorizar la ventilación natural cuando las condiciones exteriores lo permitan y evitar que el chorro del aire acondicionado apunte directamente hacia la cama.
Otra opción consiste en encender el aire acondicionado antes de acostarse para enfriar la habitación y apagarlo una vez alcanzada una temperatura confortable. Si el ambiente resulta excesivamente seco, el uso de un humidificador puede contribuir a mejorar el confort, siempre que se mantenga correctamente limpio para evitar la proliferación de microorganismos.
Los expertos recuerdan, además, que la temperatura ideal para dormir suele situarse entre los 24 y los 26 ºC durante el verano, evitando contrastes térmicos excesivos que puedan alterar el descanso o provocar sensación de frío durante la noche.