Alopecia femenina

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Alopecia femenina: los siete tipos de caída del cabello y cómo reconocerlos

La caída del cabello suele asociarse a los hombres, pero también afecta a muchas mujeres y puede convertirse en una fuente de preocupación. Sin embargo, no todas las alopecias son iguales: algunas provocan un adelgazamiento progresivo del pelo, otras causan una caída repentina y otras aparecen en zonas concretas del cuero cabelludo.

Identificar el tipo de alopecia es fundamental para encontrar el tratamiento adecuado y evitar que el problema avance. Desde Área Capilar, centro especializado en tricología y trasplante capilar, repasan las siete formas más frecuentes de pérdida de cabello en mujeres y las señales que ayudan a reconocerlas.

1. Alopecia androgenética

Es la forma más frecuente de alopecia en mujeres. Se caracteriza por un adelgazamiento progresivo del cabello, especialmente en la parte superior de la cabeza. Una de las señales más habituales es que la raya se ensancha, mientras que la línea frontal suele mantenerse.

Según la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), afecta aproximadamente al 35 % de las mujeres en edad fértil, una proporción que aumenta después de la menopausia.

En algunos casos, puede estar relacionada con un exceso de andrógenos, como sucede en determinadas mujeres con síndrome de ovario poliquístico. Por eso, cuando existen indicios de una alteración hormonal, puede ser necesario realizar una valoración médica específica.

2. Efluvio telógeno

¿Notas que se te cae mucho más pelo de lo habitual al ducharte o cepillarte? Una posible explicación es el efluvio telógeno, un tipo de caída difusa que afecta a distintas zonas del cuero cabelludo sin provocar necesariamente áreas completamente despobladas.

Suele aparecer entre dos y tres meses después de un desencadenante, como una infección con fiebre alta, una intervención quirúrgica, una dieta muy restrictiva, un periodo de estrés intenso, una deficiencia de hierro o una alteración tiroidea.

En muchos casos, la caída disminuye cuando se resuelve la causa que la ha provocado. Sin embargo, si se prolonga durante más de seis meses, conviene consultar con un profesional sanitario para investigar su origen.

3. Alopecia posparto

Tras el embarazo, muchas mujeres experimentan una caída de cabello más intensa de lo habitual. Se trata de una forma de efluvio telógeno relacionada con los cambios hormonales que se producen después del parto.

La caída suele hacerse evidente entre el segundo y el sexto mes tras dar a luz. Aunque puede resultar alarmante por la cantidad de pelo que se pierde, generalmente es temporal y la densidad capilar se recupera de forma progresiva durante los siguientes meses.

Lo habitual es que el cabello vuelva a su estado anterior en un plazo aproximado de seis a doce meses. Si la caída persiste más allá de ese periodo, es recomendable consultar con un especialista para descartar otras causas, como una deficiencia de hierro o un problema de tiroides.

4. Alopecia areata

La alopecia areata es una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunitario ataca los folículos pilosos. Su manifestación más característica es la aparición repentina de una o varias placas redondeadas u ovaladas sin pelo, generalmente con la piel lisa.

En los casos más extensos, también puede afectar a las cejas y las pestañas.

A diferencia de las alopecias cicatriciales, en la alopecia areata los folículos no quedan destruidos, por lo que el cabello puede volver a crecer. No obstante, su evolución es variable y pueden producirse nuevos episodios de caída.

5. Alopecia por tracción

Las coletas muy tirantes, los moños tensos, las trenzas y las extensiones pueden ejercer una presión continuada sobre los folículos pilosos. Con el tiempo, esta tensión puede provocar una alopecia por tracción.

La pérdida de cabello suele hacerse visible en las sienes y en el contorno de la frente, donde el pelo comienza a perder densidad.

Detectarla a tiempo es importante: si se reduce la tensión y se modifican los peinados que la provocan, el cabello puede recuperarse. Sin embargo, cuando la tracción se mantiene durante años, el daño puede llegar a ser permanente.

6. Alopecia frontal fibrosante

La alopecia frontal fibrosante es una forma de alopecia cicatricial que afecta principalmente a mujeres, especialmente después de la menopausia.

Su señal más característica es el retroceso progresivo de la línea de nacimiento del cabello, que puede dejar una franja cada vez más amplia de frente. En muchos casos, también se produce una pérdida de las cejas.

A diferencia de otras formas de alopecia, esta enfermedad destruye los folículos pilosos y los sustituye por tejido cicatricial. Por ello, el pelo perdido no suele volver a crecer en esas zonas.

El diagnóstico precoz resulta especialmente importante para intentar frenar su progresión y evitar una pérdida capilar mayor.

7. Efluvio anágeno

El efluvio anágeno provoca una pérdida de cabello rápida e intensa al interrumpirse el crecimiento de los folículos durante la fase activa del ciclo capilar.

Puede aparecer como consecuencia de determinados tratamientos médicos, especialmente la quimioterapia, que afecta a las células que se dividen con rapidez, incluidas las de los folículos pilosos.

La caída puede comenzar pocas semanas después de iniciar el tratamiento. En la mayoría de los casos, el cabello vuelve a crecer una vez finalizado, aunque su textura o color pueden cambiar temporalmente.

¿Cuándo conviene consultar

Aunque perder pelo a diario forma parte del ciclo capilar, es recomendable buscar una valoración médica si la caída aumenta de forma llamativa, aparecen placas sin cabello, la raya se ensancha progresivamente o la línea frontal retrocede.
​También conviene consultar cuando la pérdida se prolonga durante meses o se acompaña de alteraciones en el cuero cabelludo.
​La clave está en identificar la causa antes de elegir un tratamiento. No es lo mismo una caída temporal después del parto que una alopecia androgenética o una enfermedad cicatricial. Un diagnóstico adecuado permite orientar el tratamiento y mejorar las posibilidades de conservar o recuperar el cabello.

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