Dra. Marina Sarrias
Día Mundial del Dietista-Nutricionista
Doctora Marina Sarrias: «Un cuerpo sano no se construye solo contando calorías o siguiendo modas»
La médico explica por qué es importante llevar una nutrición real en cada comida
Hoy existe más acceso que nunca a datos, consejos y tendencias nutricionales, sin embargo, esta sobreexposición ha derivado en un efecto contrario al esperado: la proliferación de dietas milagro, desafíos virales y promesas de bienestar instantáneo ha contribuido a diluir el verdadero significado de la nutrición, según coinciden especialistas del sector.
Con motivo del Día Mundial del Dietista-Nutricionista, que se celebra el 24 de noviembre, la doctora Marina Sarrias, experta de Lonvital reivindica la importancia de volver a lo esencial: «Cuidarse no es una moda, es una forma de respeto», sostiene. Un respeto que, afirma, abarca tres dimensiones: el propio cuerpo, el planeta y el tiempo que cada persona aspira a vivir con salud.
Sarrias recuerda que cada gesto cotidiano –desde el desayuno hasta la cena– representa una oportunidad para mejorar el bienestar. No se trata de imponer prohibiciones ni de convertir la comida en un cálculo constante de calorías, sino de comprender qué necesita el organismo para funcionar con energía, claridad y vitalidad.
–¿Por qué es importante recordar, precisamente hoy, que comer bien no es lo mismo que nutrirse?
–Hoy me sorprendo recordando algo fundamental: comer bien no es lo mismo que nutrirse de verdad. En medio de tanta prisa, dietas milagro y soluciones exprés, cuesta no confundir los términos. A menudo creemos que 'comer bien' consiste en seguir reglas estrictas o restricciones pasajeras, pero nutrirse implica mucho más: es darle al cuerpo los alimentos que contienen vitaminas, minerales y energía de verdad. Yo misma me detengo a pensar que podríamos llenar el plato con'comida light' o procesada y aún así seguir sintiéndonos huecos. Por eso, precisamente hoy, me resulta crucial distinguir entre ambos conceptos. Un cuerpo sano no se construye solo contando calorías o siguiendo modas, sino ofreciéndole nutrición real en cada comida. Solo así cuidamos nuestro bienestar integral, no sólo el peso en la báscula.
–¿Cómo puede la figura del dietista-nutricionista transformar nuestra relación con la comida y con nosotros mismos?
–He comprobado que contar con un dietista-nutricionista a nuestro lado puede transformar por completo la relación con la comida y con nosotros mismos. Cuando acompaño a alguien en su proceso, no me limito a dar un plan de comidas: abrimos juntos un diálogo donde aprendemos a escucharnos. Yo he visto cómo, semana a semana, quien antes se sentía culpable por cada bocado empieza a reconectarse con su cuerpo y sus emociones. Nos enseñamos que los alimentos no son enemigos ni premios, sino aliados en nuestra vida diaria. Y al hacer esa paz con la comida, algo mágico sucede: mejoramos la relación con nosotros mismos. Descubrimos que somos dignos de cuidado, que nuestros cuerpos responden con gratitud al cariño que les damos, y que alimentarnos bien también fortalece nuestra autoestima.
–En Lonvital hablan de «cuidarse día a día»: ¿qué significa eso en la práctica?
–Para mí, cuidarse cada día es como regar una planta: es prestar atención constante, paso a paso, sin esperar floraciones instantáneas. En la rutina cotidiana se esconde el verdadero autocuidado. Cada mañana, por ejemplo, me pregunto: ¿Qué puedo hacer hoy para sentirme bien? y elijo un gesto amable: quizás beber agua antes de desayunar, preparar una comida casera con calma o hacer un pequeño paseo al aire libre. No es cuestión de grandes sacrificios, sino de pequeños momentos en los que dedicamos un segundo a estirar el cuerpo, pensar en nuestras ganas reales de comer o simplemente respirar con la mirada lejos de las pantallas. Es esa suma de detalles amorosos –comer a la mesa sin prisas, dormir lo suficiente, tomarnos pausas para cerrar los ojos cinco minutos– la que al final nos sostiene. Y así, «cuidarse día a día» deja de ser un lema y se convierte en nuestro día a día cotidiano, tejido de decisiones conscientes y cariño propio.
–¿Cómo podemos mantener hábitos saludables en un mundo lleno de prisas, pantallas y comida ultraprocesada?
–Mantener hábitos saludables en este mundo lleno de prisas, pantallas y ultraprocesados puede sonar casi utópico, pero tampoco es imposible. Yo misma he sentido la tentación de tirarme en el sofá con una bolsa de snacks cuando llega la tarde, así que comprendo esa batalla interna. Lo que me ayuda es ser realista conmigo.
No se trata de querer comer perfecto siempre, sino de dar pequeños pasos
A veces planifico mi menú semanal para no improvisar con lo primero que encuentro a mano o dejo fruta limpia en la mesa para cuando el cuerpo pida algo rápido. Busco desconectarme de la pantalla unos minutos antes de comer, para meterme de lleno en el momento de masticar despacio. Y cuando siento que me «sobra hambre», respiro hondo, me doy tiempo a mí misma y pregunto: ¿realmente tengo hambre o solo quiero ocupar la mente? Así, día tras día, voy construyendo un estilo de vida donde comer mejor no es un castigo ni una moda, sino parte de un cuidado gentil hacia mi cuerpo.
–En cuanto al futuro de la nutrición, ¿podrá más tecnología o más conciencia guiarnos?
–A mi modo de ver, la respuesta ideal es: un poco de ambas. La tecnología nos ofrece herramientas valiosas: aplicaciones que nos recuerdan beber agua o movernos, dispositivos que miden nuestra actividad, incluso análisis genéticos que dicen qué alimentos nos convienen más. Pero sin consciencia personal, son solo datos fríos. Yo confío más en la mirada humana y en la educación: en aprender a escucharnos, a leer las señales de nuestro cuerpo y mente. Si tenemos smartphones, usémoslos para aprender sobre nutrición, no para sustituir el juicio propio. Porque al final, podemos tener la mejor app del mundo, pero si seguimos queriendo sedarnos con ultraprocesados o ignorando nuestras emociones, la tecnología poco hará.
En resumen, hoy nos encontraremos con más gadgets y avances, pero lo realmente revolucionario será que cada persona recupere esa chispa de atención plena hacia su alimentación. Así, ciencia y consciencia pueden ir de la mano, una apoyando a la otra.
–Cómo bajar de peso sin recuperarlo de manera saludable
–Sé que adelgazar sin recuperar el peso es una de las grandes preocupaciones de muchos. En mi experiencia, la clave para perder kilos de forma saludable es imaginarlo como un viaje largo, no como un sprint. En vez de dietas extremas que agotan fuerzas y acaban con 'efecto rebote', propongo un camino suave: bajar despacio, aprendiendo a escuchar lo que tu cuerpo te pide.
No se trata de vivir a base de verduras crudas hasta el infinito, sino de incorporar hábitos que podamos llevar para siempre
Por ejemplo, incluir proteínas en cada comida para sentirnos saciados, elegir carbohidratos integrales para tener energía constante, movernos de manera que lo disfrutemos (¡sin hacer cosas imposibles!) y, muy importante, respetar el descanso y el sueño. Además, trabajamos juntos las emociones: no todo hambre es física; a veces es aburrimiento o tristeza, y hay otras formas de cuidar eso. Al enfocarnos en crear rutinas sostenibles, la balanza suele quedarse estable al final del camino. Así aprendemos a vivir en nuestro nuevo peso, porque hemos cambiado la forma de alimentarnos y querernos, y no solo la rutina de unas semanas concretas.
–Qué opina del ayuno intermitente
–Con respecto al ayuno intermitente, me genera opiniones encontradas. Por un lado, entiendo que hoy día muchas personas lo ven como una táctica sencilla: comer en ventanas horarias y listo. Incluso he visto a algunos pacientes que encuentran que les va bien, que les ayuda a estructurar su día. Pero como médico y nutricionista, también soy cautelosa: creo firmemente que ninguna estrategia merece ser una religión.
El ayuno intermitente puede ayudar a reducir calorías al acortar ventanas de comida, pero no garantiza que elijas alimentos nutritivos mientras comes
A veces, también, provoca que alguien se sienta famélico y luego termine atiborrandose en sus horas 'permitidas'. En lo personal, prefiero aconsejar aquello que implica nutrición completa en cada comida y que encaje con la vida de la persona. Si alguien practica el ayuno y se siente bien, ¡perfecto! Pero no lo veo como la única solución ni como algo mágico. Ningún ayuno va a compensar una dieta pobre o hábitos poco saludables. En definitiva, uso el ayuno intermitente solo como una opción más en el menú de herramientas posibles, recordando siempre que el verdadero cambio viene de alimentar bien el cuerpo y la mente todos los días.
–¿En qué consiste el método Lonvital?
– Lo veo como una gran respuesta a lo que a menudo falla en otros programas: un enfoque integral y a la vez muy personalizado. Yo, como parte del equipo, combino todos los ángulos: por un lado, consultas médicas para valorar cada caso en profundidad; por otro, planes de nutrición a la medida de cada persona, sin talonarios genéricos. Además, cuento con entrenadores personales que guían el movimiento de manera segura, y psicólogos que nos ayudan con los pensamientos y emociones que aparecen en el proceso. Todo esto está apoyado por la tecnología: tenemos una app que no olvida nada de lo que hablamos, envía recordatorios suaves y conecta al paciente con su coach. Inspirados incluso en ideas como los Tiny Habits (pequeños hábitos) de BJ Fogg o la dieta de la longevidad del profesor Valter Longo, damos pasos graduales que se convierten en cambios reales. Lo bonito es que cuando veo a alguien siguiendo el método Lonvital, noto que no está sufriendo una tortura, sino aprendiendo un estilo de vida. Y con ese acompañamiento integral, el objetivo deja de ser un número en la báscula para transformarse en recuperar salud y energía de forma duradera.