El caldo de huesos, un remedio de nuestras abuelas para sanar el estómago
Cómo preparar un caldo de huesos para conseguir una dieta detox
Un remedio de nuestras abuelas para sanar el estómago
Con el fin del periodo navideño no solo las calles recuperan su estítica y se vuelve poco a poco a la rutina de trabajo o estudio sino que decimos adiós a las cenas familiares con turrón o roscón de Reyes de postre. Es hora de los nuevos propósitos, entre los que suele estar aumentar las horas de ejercicio físico y realizar una dieta detox. Un clásico es el caldo de verduras, pero todavía es más interesante el caldo de huesos, un remedio de nuestras abuelas para sanar el estómago, recuperar la salud digestiva y beneficiarnos de sus altas dosis de colágeno, entre otros nutrientes.
Beneficios
El caldo de huesos se ha popularizado en las últimas décadas como gran reconstituyente con enormes beneficios también para la salud gastrointestinal, el rejuvenecimiento de la piel e incluso para la longevidad.
Gonzalo Ruiz Utrilla, experto en temas de longevidad explica que gran parte de sus nutrientes como aminoácidos (prolina, arginina, glicina), proteínas como el colágeno y compuestos naturales como la condroitina y la glucosamina intervienen en una mejor salud ósea que evita y previene el dolor articular ayudando de la misma manera a la preservación del músculo y unos huesos más fuertes, fundamental en el futuro para gozar de una vida más plena sin temor a caídas o deterioro por la edad.
«De todas formas, –afirma el experto– conviene acompañar el caldo de huesos de una dieta equilibrada que aporte otros nutrientes necesarios o incluso esos mismos, también para la salud articular y ósea. Aconsejo, eso sí, elegir huesos orgánicos para evitar metales pesados y un cierto cuidado con el tiempo de cocción en personas con intolerancia a la histamina».
Consejos para preparar el caldo
A la hora de preparar el caldo es importante extraer bien todo el colágeno presente en articulaciones y huesos del animal, por lo que se recomienda echar en la olla unas cuantas cucharadas de vinagre de sidra de manzana, en función siempre de la cantidad que vayamos a preparar. Los huesos pueden ser carcasas de gallina, patas de pollo bien partidas, rape, rodilla de ternera, costillas, etc. no faltando los huesos de tuétano ni los que contienen cartílago.
Aunque es cuestión de gustos, se le suele añadir verduras y hortalizas como puerros, ajo, cebolla, calabaza o nabo, además de plantas como laurel y romero o especias, sobre todo cúrcuma (añadir siempre al final cuando haya dejado de hervir) o raíz de jengibre.
El tiempo de cocción debe ser de más de 8 h y a fuego lento, para que el colágeno salga de los huesos y que estos se desmineralicen. Los huesos pueden dorarse en el horno antes de ponerlos a cocer para intensificar el sabor del caldo, y una vez preparado, dejar enfriar hasta que se forme una gelatina que concentrará todo el colágeno que buscamos, a lo que ayudará también que utilicemos no demasiada agua en la cocción.