El cerebro de un narcisista responde de forma diferente ante la vulnerabilidad ajena
Dentro del cerebro de un narcisista: qué pasa cuando intenta ponerse en el lugar de los demás
El cerebro de las personas con rasgos narcisistas responde de forma diferente ante la vulnerabilidad ajena
Thomas Erikson, experto y coach en lenguaje corporal, interpretación de patrones de comportamiento y análisis de los tipos de personas describe en su libro Rodeados de narcisistas (Ed. Planeta) al narcisista como «arrogante y soberbio; rápido a la hora de criticar y juzgar a los demás, pero muy sensible a las críticas y con derecho a lo mejor de todo» y añade: «Normalmente valora el poder y la fama; es mentiroso y manipulador al tiempo que responde de forma agresiva cuando se le pone en duda».
Ahora, un estudio de la Universidad de Aalto, en Finlandia ha analizado mediante resonancia magnética funcional cómo responde el cerebro de estas personas y su grado de empatía.
La investigación, publicada en la revista Cerebral Cortex se centró en el llamado narcisismo grandioso, caracterizado por una percepción exagerada de la propia importancia y una marcada necesidad de reconocimiento. Aunque el narcisismo y la empatía se han estudiado anteriormente, sus bases neuronales en situaciones sociales complejas siguen siendo poco conocidas.
Los resultados mostraron que la actividad cerebral de las personas con puntuaciones elevadas en rasgos narcisistas era menos similar a la de los demás participantes durante determinados momentos de tensión social. En cambio, quienes presentaban menos rasgos narcisistas mostraron patrones de activación más parecidos entre sí en algunas regiones relacionadas con la empatía.
«Las personas con un alto grado de rasgos narcisistas reaccionan de forma diferente ante la vulnerabilidad ajena», explica Matias Piispanen, investigador doctoral que participó en el trabajo. Según señala, estas diferencias podrían estar relacionadas con la manera de prestar atención a una interacción, interpretar lo que ocurre y comprender la situación de los demás.
Los investigadores también observaron diferencias en áreas cerebrales vinculadas con la interpretación de situaciones sociales y la empatía cognitiva, es decir, la capacidad de comprender los pensamientos y sentimientos de otra persona.
«Las personas con un alto nivel de rasgos narcisistas no necesariamente establecen conexiones de apoyo o genuinas con los demás, lo que puede generar dificultades y malentendidos en la interacción», afirma Piispanen.
Cómo reacciona el cerebro
Para estudiar estas respuestas, el equipo recurrió a las ideas del sociólogo Erving Goffman, quien analizó en la década de 1950 cómo las personas intentan proyectar una imagen determinada de sí mismas durante las interacciones sociales.
Mantener esa imagen ante los demás, especialmente cuando está en juego la reputación, forma parte de lo que se conoce como «salvar las apariencias». Cuando alguien recibe una crítica que cuestiona su prestigio, puede experimentar vergüenza o ansiedad. Quienes presencian la situación también pueden sentirse incómodos, un fenómeno relacionado con la vergüenza ajena.
Goffman sostenía que, en las interacciones cotidianas, las personas no solo intentan proteger su propia imagen, sino también contribuir a preservar la de los demás. Este proceso puede verse alterado cuando una situación amenaza la reputación de uno de los participantes.
Situaciones sociales bajo el escáner
El estudio comenzó con una encuesta en línea en la que participaron cerca de mil personas, que respondieron a preguntas destinadas a medir sus rasgos narcisistas. A partir de esos resultados, los investigadores seleccionaron a personas con puntuaciones elevadas y las compararon con un grupo que presentaba puntuaciones bajas.
En total, el análisis final incluyó a 58 participantes, que se sometieron a una resonancia magnética funcional.
Durante la prueba, los voluntarios vieron vídeos en los que un actor contaba experiencias personales relacionadas con la juventud y la edad adulta. Algunas historias describían situaciones en las que el protagonista había sido excluido, mientras que otras relataban experiencias de admiración.
Después de cada narración, otra persona realizaba comentarios que podían poner en entredicho la reputación del protagonista. Por ejemplo, cuestionaba si realmente merecía la admiración recibida o insinuaba que era responsable de su propia exclusión.
Las personas con muchos rasgos narcisistas y aquellas con pocos pueden procesar de manera diferente las amenazas a la imagen pública de otra persona
Los investigadores analizaron hasta qué punto los patrones de actividad cerebral de los participantes se parecían o diferían mientras observaban estas situaciones. Los resultados apuntan a que las personas con muchos rasgos narcisistas y aquellas con pocos pueden procesar de manera diferente las amenazas a la imagen pública de otra persona.
Empatía en situaciones reales
Hasta ahora, buena parte de las investigaciones sobre la empatía se había basado en estímulos controlados, como fotografías de rostros que expresan emociones. Sin embargo, las interacciones cotidianas son más complejas: exigen interpretar el contexto, valorar las intenciones de los demás y seguir cómo evoluciona una situación.
«Un escenario de la vida real es mucho más complejo y requiere mayor interpretación y evaluación de la situación», explica Piispanen. Además, a los participantes no se les pidió expresamente que empatizaran con el protagonista de los vídeos. De este modo, el equipo pudo observar cómo procesaban espontáneamente las situaciones sociales.
Los resultados de la investigación, que forma parte del proyecto Faces of Narcissism, ofrecen nuevas pistas sobre la relación entre los rasgos narcisistas y el procesamiento de las experiencias sociales. No obstante, las diferencias observadas en la actividad cerebral no permiten concluir por sí solas que todas las personas con rasgos narcisistas tengan dificultades para sentir empatía ni que respondan de la misma manera ante la vulnerabilidad ajena.