La podóloga Neus Moya presenta su libro El tercer cerebro
La parte del cuerpo que casi nadie entrena y que resulta clave para el equilibrio
La podóloga Neus Moya presenta en su libro El tercer cerebro está en los pies el Método Feetconnected
Entrenamos las piernas, fortalecemos la espalda y prestamos atención a nuestra alimentación. Sin embargo, hay una parte del cuerpo que suele quedar olvidada hasta que empieza a doler: los pies. Nos permiten caminar, correr y mantenernos de pie, pero su función va mucho más allá de sostener nuestro peso. También envían información sensorial al cerebro que contribuye al equilibrio y al control del movimiento.
Pese a su importancia, pocas veces nos paramos a pensar en cómo funcionan o en qué podemos hacer para mantenerlos en buenas condiciones. Damos por hecho que estarán ahí para acompañarnos en cualquier actividad, desde una jornada de trabajo hasta una excursión. Solo cuando aparecen las molestias somos conscientes de hasta qué punto los pies pueden condicionar nuestra vida cotidiana.
Por eso, cuidarlos no consiste únicamente en elegir un buen calzado o buscar una solución cuando aparece el dolor. También es importante trabajar capacidades como la movilidad, la fuerza, la sensibilidad y la coordinación, tanto si existen molestias como si el objetivo es conservar la funcionalidad de los pies y seguir disfrutando de las actividades habituales.
Esta es una de las ideas que plantea El tercer cerebro está en los pies, el nuevo libro de la podóloga Neus Moya. «Tenemos muchísima información sobre qué zapatos comprar, pero poca sobre cómo trabajar los pies y cómo incorporar ese cuidado a nuestra vida. Faltaba unir el conocimiento con una propuesta práctica», explica.
Son los pies un tercer cerebro
Aunque el título del libro pueda resultar sorprendente, la expresión «tercer cerebro» es una metáfora que pone el foco en una función de los pies que suele pasar inadvertida. Además de sostener el cuerpo y facilitar el desplazamiento, son una fuente importante de información sensorial.
A través del contacto con el suelo y de las presiones que reciben, los pies envían señales al cerebro que contribuyen a mantener el equilibrio y organizar el movimiento.
«Solemos pensar en los pies como una estructura que nos sostiene. Sin embargo, también nos ayudan a sentir el entorno y a responder a él. Quería que el título despertara curiosidad por esa relación que pasa tan desapercibida», explica Moya.
La salud de los pies no depende únicamente de evitar el dolor o utilizar un calzado adecuado
Esta conexión permite entender por qué la salud de los pies no depende únicamente de evitar el dolor o utilizar un calzado adecuado. También intervienen la movilidad, la fuerza, la sensibilidad y la coordinación. La percepción de los apoyos y el control del movimiento forman parte de la relación entre los pies, el cerebro y el resto del cuerpo.
Las señales de tus pies
Levantarse por la mañana con los pies rígidos, sufrir molestias recurrentes en el talón o terminar el día deseando quitarse los zapatos son situaciones que muchas personas han aprendido a normalizar. Sin embargo, también conviene prestar atención a otras señales menos evidentes, como la dificultad para mover los dedos o la inseguridad al apoyar el pie.
El dolor en la parte delantera del pie y el roce constante sobre un juanete son otros problemas que no deberían pasarse por alto.
En ocasiones, las señales se manifiestan en las propias decisiones cotidianas: evitar una excursión, reducir los paseos o buscar constantemente un lugar donde sentarse. Cuando las molestias empiezan a modificar nuestros hábitos, también pueden estar afectando a nuestra calidad de vida.
Aun así, es frecuente restar importancia a estos síntomas con frases como «es normal, trabajo de pie» o «a mi edad es lo que toca». Esta forma de asumir el dolor puede retrasar la búsqueda de ayuda.
«Que algo sea frecuente no significa que tengamos que asumirlo como nuestro destino. No todas las molestias tienen la misma solución, pero merecen atención, especialmente cuando se repiten o limitan nuestra vida. No deberíamos dar por hecho que disfrutar de un paseo tiene que doler», señala la podóloga.
Los pies también se pueden entrenar
Al igual que otros grupos musculares, los pies necesitan atención para conservar sus capacidades. Trabajar la movilidad, la fuerza, la sensibilidad, la coordinación y el equilibrio permite incorporar a las rutinas de cuidado físico aspectos que a menudo pasan desapercibidos. Y no es necesario esperar a que aparezca una lesión para empezar.
Eso sí, las necesidades no son iguales para todo el mundo. Una persona que pasa muchas horas sentada tiene circunstancias diferentes a las de alguien que trabaja de pie durante toda la jornada o practica deporte con regularidad.
Qué es el Método Feetconnected
Con esta idea, el Método Feetconnected propone un trabajo adaptado a cada situación, con rutinas cotidianas y programas específicos para problemas como la fascitis plantar, los juanetes o la metatarsalgia.
El calzado, las plantillas y otros tratamientos pueden ser herramientas útiles, pero el cuidado de los pies también requiere una participación activa. La clave está en prestar atención a sus capacidades y adaptar el trabajo a las necesidades de cada persona.
«Cuidar los pies tiene mucho que ver con mantener la libertad de hacer cosas», resume Moya. «El objetivo no es únicamente aliviar las molestias, sino conservar o recuperar capacidades para caminar con confianza, seguir practicando deporte o disfrutar de las actividades cotidianas sin que los pies se conviertan en una limitación».