La psiquiatra y psicoterapeuta, Anabel González
Anabel Gonzalez, psiquiatra
Anabel Gonzalez: «Si crezco pensando 'no importo', esa sensación será mi manera de estar en el mundo»
La psiquiatra en su nuevo libro Lo que no pasó ayuda a explorar en nuestro interior para encontrar respuestas a un malestar emocional
La psiquiatra Anabel Gonzalez, autora de Lo bueno de tener un mal día o ¿Por dónde se sale? regresa con Lo que no pasó (Ed. Planeta) un libro que ayuda a explorar en nuestro interior para encontrar respuestas a un malestar emocional, al parecer inexplicable, que no nos permite avanzar, una pieza del puzle que nos falta para conocernos realmente a nosotros mismos.
– ¿Qué puede ser aquello que no pasó?
–Pueden ser muchas cosas. Desde situaciones en las que hubiéramos necesitado algo importante de las personas que nos rodeaban y no tuvimos o pueden ser otras circunstancias como la ausencia en el cuidado en la infancia, como la protección, el afecto que necesitábamos cuando éramos niños para poder crecer con fortaleza, autoestima, con un buen conocimiento de quienes somos. También pueden faltarnos el apoyo, la comprensión, el estar ahí en los momentos realmente difíciles, que es cuando más notamos 'lo que no paso'.
–¿Todos tenemos algo en la infancia que nos condiciona de adultos?
–En la infancia somos mucho más sensibles a lo que no pasó, porque hay muchas cosas que nosotros mismos no podemos hacer que pasen. Un niño cuando es muy pequeño no se puede proteger a sí mismo, ni siquiera se puede calmar, no se puede animar, no se puede organizar...
En todas esas circunstancias, dependemos de un adulto y cuando esa persona no está presente no solo nos afecta en ese momento sino que el cerebro va a tomar la forma, nuestra mente va a coger el estilo de lo que hubo ahí. Por ejemplo, si yo crezco sintiendo que no importo, porque en los momentos en los que a mí me pasan cosas nadie se da cuenta o nadie hace nada, ese 'no importo', se convierte en una manera de estar en el mundo con todo lo que trae consigo, que pueden ser muchísimas cosas.
–¿Todos tenemos algo que ocultamos?
–Sí, claro. Además, si no, seríamos muy aburridos hasta para nosotros mismos. Nos estamos descubriendo constantemente y hay cosas de las que nos vamos dando cuenta con el tiempo. Es un proceso que vamos siguiendo en la vida.
–¿Por qué nos cuesta tanto hablar de lo que no pasó?
–Yo creo que a veces nos cuesta verlo. Y luego hay experiencias de las que sí somos conscientes, como por ejemplo las de abandono, pero es tan duro que a veces preferimos no hablar de ello, ni decírnoslo a nosotros, ni pensar en ello, ni pronunciarlo.
Si yo he crecido sintiendo que no existo o que no le importo a nadie, me da hasta vergüenza hablar de ello
Por otro lado, hay ciertas cosas que sino las verbalizas te puedes hacer la trampa mental de pensar que no existen. Cuando hablas de ellas ya no hay vuelta atrás. Además, hay que compartirlo y si yo he crecido, por ejemplo, sintiendo que no existo o que no le importo a nadie, me da hasta vergüenza hablar de ello. Es como si yo sintiera que si no le he importan a nadie es porque hay algo malo en mí, ¿cómo le voy a hablar a otra persona de esto? Intento ocultar esa sensación interna que tengo. Podemos creer que si los demás me conocen en profundidad se van a dar cuenta de que yo realmente soy insignificante o no válido.
–¿Cómo podemos explorar y analizar esta circunstancia que sabemos que tenemos pero que no queremos verbalizar?
–Lo ideal sería poder hablar de ello porque eso nos da mucha más perspectiva. Nos vamos a encontrar con que esto le pasa a más gente, que hay más invisibles como nosotros. Si nos sentimos reconocidos quizás podamos entendernos mejor a nosotros mismos. Pero si esto nos resulta muy difícil, yo creo que tenemos que empezar por lo más fácil que es pararnos a pensar de dónde vienen las cosas.
Uno de los intereses de ir hacia la infancia no es darle vueltas al pasado sin más. Se trata de que hay cosas que, a lo mejor, ahora mismo no le vemos sentido y nos preguntamos: ¿Por qué funciono yo así en las relaciones? ¿Por qué hago tantos esfuerzos para que la gente me acepte?
En el fondo siento que no valgo la pena. Quizá, si echo la vista atrás digo 'esto a mí no me lo dieron gratis', y no necesariamente por maldad o falta de afecto, sino porque las personas con las que yo crecí también tenían sus limitaciones y sus dificultades. Si yo entiendo esto, a lo mejor cojo suficiente perspectiva para dejar de funcionar en automático. El cerebro coge una serie de automatismos y los repite toda la vida, hasta que nos damos cuenta y decimos: 'espera, vamos a repensar esto desde el principio'.
Anabel Gonzalez
–Qué le diría a unos padres que, quizá tiene la sensación de no llegar a nada
–Yo a los padres les doy un consejo un poco paradójico, que es que hay que hacerlo mal. Porque un niño no necesita absolutamente todo, necesita unos padres que más o menos puedan estar ahí, unos días podremos estar mejor y otros días peor, porque la vida es complicada. Entonces, ¿qué tengo que hacer? Partiendo de una intención de hacerlo bien hay que aprender por ensayo y error sabiendo que, a veces nos vamos a equivocar.
Porque ese niño que tengo delante es único y como padre necesito cogerle el punto pero, además, ese niño crece y todo vuelve a cambiar. Se habla mucho de apego y en el apego hay dos conceptos fundamentales: Tenemos que ser padres suficientemente buenos, no perfectos, entendiendo como suficientemente bueno a alguien que de vez en cuando no consigue hacer las cosas bien, pero que lo intenta.
La reparación es mucho más importante para funcionar bien en la crianza que el hecho de estar obsesionados por hacerlo bien
El segundo concepto es la reparación: lo importante no es tanto no cometer errores, porque esto es imposible, sino que si cometemos un error, lo reparemos. Podemos reconocerle a nuestro hijo que hemos cometido un error y decirle: 'perdona, hoy no he tenido un buen día y siento haberte hablado así'.
–Volvemos al libro. Habla de la libreta de recursos nutritivos? ¿En qué consiste exactamente? ¿Cómo podemos aplicarlo?
–La idea es que el lector no lea el libro simplemente de una forma pasiva, sino que haga un proceso al tiempo que lo va leyendo. Es como escribir un libro paralelo, el mío, en el que yo apunto los recursos que se me van ocurriendo: ¿Qué experiencias he tenido yo que sí han sido nutritivas?
No solo voy a escribirlas, sino que voy a pararme un ratito, anotar la sensación que me da recordar esto y aprender a saborear esa sensación.
En la libreta se van apuntando todas las cosas que la persona considera que son importantes en el transcurso de la lectura, de su propia experiencia. Porque en un libro podemos hablar de cosas generales, pero a cada uno le va a resonar con cosas distintas.
Anabel Gonzalez
–¿Qué experiencias del presente nos pueden ayudar a neutralizar aquellas negativas del pasado?
–Si yo sé qué es lo que me faltó, tengo que prestar especial interés a aquellas cosas que ahora ocurren en mi vida que son de ese tipo. Por ejemplo, si yo no me sentí comprendido, en el momento en el que encuentro a alguien que me entiende hay que ponerlo en valor. Sin embargo, es corriente que pase lo contrario, solemos poner el foco en lo negativo y no saborear lo bueno de la vida.
En conclusión, es importante que lo positivo no pase desapercibido, algo que no siempre es fácil pero se puede practicar y se puede aprender.
–En las páginas del libro dice que para que el amor de los padres llegue a todas las células del cuerpo del niño, han de quererlo sin condiciones ¿a qué se refiere?
–Es importante entender que los hijos no vienen al mundo a cumplir nuestras expectativas. Vienen como vienen y son como son. Y el niño tiene que sentir que es aceptado haga lo que haga. No significa que nos tengan que gustar aquellas cosas con las que puedan hacer daño a otros o a ellos mismos, por supuesto que no y las tendremos que corregir, pero para el niño es importante sentir, aún cuando estamos corrigiendo una conducta, que les queremos y que es importante para ellos cambiar lo que están haciendo mal. Nosotros, les guste o no, vamos a intentar ayudarlos pero no puede ir acompañado de gestos, actitudes o palabras que les hagan sentir que no les vamos a querer. Tienen que entender que si hago esto me van a corregir, pero me van a seguir queriendo igual. Precisamente por eso me corrigen, porque es importante, soy importante para ellos.