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Cuatro reglas básicas para convivir con personas mayores, según los expertos
El porcentaje de personas mayores de 65 años, actualmente situado en el 20,4 % del total de habitantes
A medida que la esperanza de vida se prolonga y el envejecimiento poblacional avanza, la manera en que se interactúa con las personas mayores adquiere una importancia crucial para su bienestar integral. No obstante, persisten conductas paternalistas que, lejos de representar una muestra de afecto o cuidado, pueden derivar en una forma de trato infantilizante que socava su autonomía. Esta actitud, conocida como «edadismo condescendiente», incide negativamente en la autoestima de los mayores y restringe su implicación activa en la vida social.
En este escenario, los datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en su informe ‘Proyección de la población residente en España 2024-2074’ apuntan a que el porcentaje de personas mayores de 65 años, actualmente situado en el 20,4 % del total de habitantes, se elevará hasta alcanzar el 30,5 % hacia el año 2055. Ante este horizonte demográfico, se vuelve prioritario reconocer la capacidad de decisión y la individualidad de cada persona mayor, evitando estereotipos que los relegan al papel de sujetos pasivos.
«Es necesario cambiar la percepción social del envejecimiento y entender que la edad no disminuye la capacidad de aprendizaje ni la toma de decisiones. Las personas mayores siguen siendo protagonistas de su propia vida y es fundamental darles voz y reconocimiento en todos los ámbitos», subraya Miryam Piqueras, directora de Gobierno Clínico de Sanitas Mayores.
Entre las prácticas más habituales que contribuyen a esta infantilización destacan el uso de un lenguaje inapropiado o de un tono excesivamente protector. En esta línea, Piqueras advierte de que «frases como ‘cariño’ o ‘campeón’ pueden percibirse como condescendientes si no hay un vínculo afectivo previo. En su lugar, para tratarles como adultos plenamente capaces, es sugerible emplear un lenguaje claro y respetuoso».
Una vía eficaz para combatir este fenómeno es promover la participación de los mayores en las decisiones cotidianas, tanto en el entorno doméstico como en residencias. Ofrecerles la posibilidad de elegir cómo desean organizar su día, qué tipo de actividades les interesa desarrollar o cuáles son sus preferencias alimentarias, contribuye a fortalecer su sensación de control y bienestar emocional.
Desde Sanitas Mayores se plantean varias recomendaciones orientadas a erradicar la infantilización y favorecer un trato digno y respetuoso:
Evitar hablar en su lugar
Resulta esencial que las personas mayores puedan expresarse por sí mismas, sin que otros intervengan en su discurso. Sustituir su voz por la de un tercero transmite la falsa idea de que no son capaces de comunicarse adecuadamente, lo cual mina su confianza y disminuye su implicación social.
Adaptar la comunicación a sus necesidades reales
En lugar de adoptar automáticamente un volumen más alto o un ritmo más lento al hablar, conviene preguntar cómo prefieren que se les dirijan. Mientras algunos pueden presentar dificultades auditivas, otros no requieren ajustes, y asumirlo sin consultar puede resultar incómodo o frustrante.
Proponer, no imponer, actividades compartidas
Ofrecer opciones variadas para realizar conjuntamente actividades permite que los mayores elijan libremente según sus intereses. Imponer propuestas bajo el criterio de lo «adecuado para su edad» puede resultar limitante y desalentar su iniciativa para explorar nuevas aficiones.
Reconocer su experiencia y saberes acumulados
Muchas personas mayores atesoran una trayectoria vital y profesional rica en conocimientos y vivencias. Por ello, es importante valorarlos como interlocutores válidos y capaces de aportar ideas valiosas, fomentando un diálogo que no los sitúe como meros receptores de enseñanzas.
«Aplicando estas pautas en el día a día, nos aseguraremos de fomentar la participación activa de los mayores, lo cual trae consigo beneficios cognitivos y emocionales significativos. Al sentirse valorados y escuchados, se mitigan los niveles de estrés y ansiedad, mejorando así su memoria y la capacidad de toma de decisiones. Asimismo, mantener interacciones sociales donde puedan compartir su opinión y experiencias potencia su autoestima, y es un factor protector frente al deterioro cognitivo», concluye Andrea Trujillo, psicóloga de Blua de Sanitas.