La industria tabaquera libera 80 millones de toneladas de dióxido de carbono al año.

Las superficies interiores funcionan como «enormes esponjas químicas»GTRES

¿Por qué el olor a tabaco se queda tanto tiempo? La ciencia tiene la respuesta

Las superficies interiores funcionan como «enormes esponjas químicas»

Las paredes, las puertas o muebles o la superficie de una vivienda o un edificio de oficinas tienen una sorprendente capacidad para absorber y retener sustancias químicas dañinas tales como productos de limpieza, artículos de cuidado personal, humo de tabaco o emisiones de cocina. Estas sustancias pueden permanecer durante periodos de hasta un año, según se desprende de una investigación en química atmosférica de la Universidad de California en Irvine (UC Irvine).

En el estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, el equipo analizó cómo distintos materiales de interiores capturan compuestos orgánicos volátiles (COV), los cuales representan un riesgo para la salud humana y animal al ser inhalados o absorbidos por la piel. El problema radica en que estos compuestos, al impregnarse en superficies de interior, pueden liberarse nuevamente al aire o transferirse por contacto directo.

El proyecto, liderado en 2022 por Jonathan Abbatt (Universidad de Toronto), recreó un entorno doméstico en instalaciones del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología. Con el uso de espectrometría de masas, se siguió el rastro de los contaminantes dentro de ese ambiente controlado.

Según Manabu Shiraiwa, profesor de química en UC Irvine y autor principal del trabajo, las superficies interiores funcionan como «enormes esponjas químicas», capaces de almacenar cantidades de contaminantes mucho mayores de lo que se pensaba. Antes se creía que las películas orgánicas ultrafinas eran los principales reservorios, pero el estudio demostró que materiales porosos y permeables como la pintura, la madera o el cemento desempeñan un papel más relevante.

Humo de tercera mano

Este hallazgo explica por qué ciertos olores, como el del tabaco, persisten mucho tiempo después de que desaparece la fuente, fenómeno conocido como «humo de tercera mano». También subraya que la ventilación por sí sola no basta para eliminar contaminantes, siendo necesaria la limpieza física —aspirar, fregar, quitar el polvo— para reducir eficazmente estos depósitos.

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