Tubos de ensayo del laboratorio clínico del Hospital de Getafe

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Investigación

Una nueva vacuna contra el virus del herpes podría curar el cáncer en el futuro sin efectos secundarios

La investigación abre una vía prometedora en la lucha contra el cáncer

El virus del herpes simple, presente en la mayoría de la población y conocido por provocar lesiones labiales, ha sido modificado genéticamente con fines terapéuticos. Investigadores de la Universidad Åbo Akademi, en Finlandia, han eliminado de este microorganismo un gen responsable de su virulencia, lo que permite emplearlo como base para una vacuna contra el cáncer. Esta alteración impide que el virus ataque células sanas, al tiempo que le confiere la capacidad de dirigirse a las células tumorales, cuyo funcionamiento difiere del de las células normales.

El avance forma parte de una investigación doctoral llevada a cabo por la farmacéutica Fanny Frejborg, quien ha centrado sus estudios en el desarrollo de vacunas oncológicas basadas en vectores virales. En este caso, la vacuna experimental incorpora un gen que produce decorina, un proteoglicano indispensable en los tejidos conectivos, donde interviene en procesos como la cicatrización y la formación de nuevos vasos sanguíneos.

Según explica Frejborg, existe una amplia base científica que constata la ausencia de decorina en numerosos tipos de cáncer, incluso en tejidos donde su presencia es habitual. Esta carencia favorece la angiogénesis tumoral, es decir, la creación de vasos sanguíneos anómalos en torno a los tumores, lo que dificulta la administración de tratamientos farmacológicos y favorece la agresividad de la enfermedad. La experta explica: «La angiogénesis tumoral conduce al desarrollo de vasos sanguíneos desorganizados alrededor del tumor. Estos vasos dificultan la administración de fármacos al tumor y lo protegen de diversas terapias».

Tres fases

El trabajo de Frejborg se estructura en tres fases. En la primera, la investigadora demostró que la introducción de decorina potencia el efecto antitumoral de la vacuna en células de cáncer de pulmón.

En la segunda etapa del trabajo, se comprobó que estas vacunas pueden administrarse por vía intranasal, logrando así una distribución eficaz en los pulmones de ratones. Finalmente, en la tercera parte del estudio, se evaluó la acción de la vacuna en embriones de pollo con cáncer de hígado, donde se observó una reducción del 40 % en la angiogénesis tumoral. Además, los vasos sanguíneos que se desarrollaron tras la aplicación de la vacuna presentaban una morfología más próxima a la de los vasos normales, en contraste con los casos no tratados.

Este efecto beneficioso fue patente incluso en tumores ya vascularizados y tras una única dosis del tratamiento. Los embriones no mostraron señales de toxicidad o efectos secundarios, lo que sugiere una acción dirigida específicamente al tejido tumoral.

En palabras de la propia autora de la investigación, «estos resultados podrían allanar el camino para nuevas vacunas contra el cáncer que no solo traten el cáncer sin efectos secundarios, sino que también mejoren la eficacia de las terapias existentes, ya que la regulación del crecimiento de los vasos sanguíneos alrededor de los tumores puede mejorar la administración de medicamentos».

Así, el trabajo de Frejborg abre una vía prometedora en la lucha contra el cáncer, en la que un virus común, previamente considerado patógeno, se transforma en herramienta terapéutica al servicio de la medicina más innovadora.

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